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VIRGEN DE ITATI

La imagen de la Virgen de Itatí es una talla en madera que mide un metro con veintiséis centímetros de altura. Tiene sus manos juntas en posición de oración, viste un manto azul y túnica blanca, y se considera realizada por una artista indígena de una de las tantas reducciones que jalonaban el Alto Paraná.
Se cree que la imagen de la Virgen de Itatí fue traída de la reducción de Ciudad Real, provincia de Guayrá. Los franciscanos emigraron hacia el sur debido a los constantes ataques de los indígenas, llevando consigo la imagen de la Virgen y así llegaron a la región de Yaguarí, donde estaba la Reducción de otro franciscano, fray Luis Gámez. En ese lugar levantaron un oratorio y colocaron a la Virgen, pero un ataque de aborígenes hostiles destruyó el lugar, y la imagen de la Virgen Inmaculada desapareció de allí.
Según la tradición la imagen habría sido encontrada en el curso del alto Paraná, no lejos del puerto de Santa Ana, por un grupo de indios. Estos vieron a la Virgen Inmaculada sobre una piedra (Itatí en guaraní significa "punta de piedra") rodeada de una luz muy brillante y acompañada de una música sobrenatural. Fray Luis Gámez ordenó el inmediato traslado de la figura a la reducción, pero la imagen volvió a desaparecer en dos ocasiones, retornando a su lugar cerca del río.
Los religiosos comprendieron cuál era la voluntad de la Santa Madre, y se dispuso el traslado del asentamiento a esos parajes. En 1615 (1580 según otras versiones) el puerto de Santa Ana quedo abandonado, y el fray Luis de Bolaños funda la nueva reducción a ala que da el nombre de "Pueblo de Indios de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí". Con el tiempo, el lugar comenzó a conocerse simplemente como Itatí, y el fray Luis de Gamarra, párroco el lugar, fue el primero en dar a conocer los milagros de la Virgen.
En la Semana Santa de 1624 tiene lugar la primera transfiguración de la Virgen, que duró varios días. Gamarra relata en un documento de la época: "... se produjo un extraordinario cambio en su rostro, y estaba tan linda y hermosa que jamás tal la había visto". Las transfiguraciones se repitieron a lo largo de los años, y en ocasiones también se oyó esa música sobrenatural de la que habían hablado los indígenas que encontraron la imagen.

SEÑORA DEL LUJAN

"El rostro es óvalo. El semblante grave y al mismo tiempo risueño, concilia a la vez benevolencia con su irresistible atractivo, y respeto debido a la majestad de la Reina y gran Señora.
La frente es espaciosa, los ojos grandes, claros y azules; las cejas negras y arqueadas; la nariz algo aguileña; la boca pequeña y recogida, los labios iguales y encarnados cual rosa; las mejillas sonrosadas y las demás facciones proporcionadas. Dirige la mirada algún tanto hacia la derecha... El color del rostro, aunque agraciado, es un tanto moreno... Tiene sus delicadas manos, asimismo bien formadas, juntas y arrimadas al pecho en actitud de quien humildemente ora.
Su vestimenta se compone de un manto azul, hoy muy descolorido, sembrado de estrellas blancas; teniendo debajo una túnica encarnada pero muy amortiguada por el tiempo.
Los pies de la Santa Imagen descansan sobre unas nubes, desde las cuales emerge la media luna que tradicionalmente se pone a las plantas de la Virgen Inmaculada, y luego como jugueteando inocentemente entre aquellas nubes, descuellan cuatro cabezas de querubes, con sus pequeñas alas desplegadas de color ígneo." P. Scarella.
Desde un principio, y de acuerdo a las usanzas de la época, se la cubrió con vestiduras superpuestas según las posibilidades del momento. Con variedad comprensible en las formas, predominó siempre la que ostenta en la actualidad y con los colores que la caracterizan: la túnica blanca y el manto azul-celeste.
El Padre Salvaire no sólo la dotó de riquísima vestimenta en 1887, sino que además la levantó sobre una peana de bronce dorado que tiende a destacarla mejor: le adosó la bien lograda rayera gótica en la que se lee la inscripción "Es la Virgen de Luján la primera fundadora de esta Villa". La Corona Imperial fue bendecida por León XIII, y completó el ornato con la aureola de doce estrellas; todo lo cual confiere al conjunto un sin igual encanto que se percibe con sólo mirar.
DESCRIPCIÓN DE LA CORONA
Fue mandada a hacer en París por el P. Jorge María Salvaire a la Casa "Poussielgue Roussand". Un afamado artífice fabricó tan preciosa joya, combinando y enlazando las ofrendas de la piedad argentina con suma inteligencia y maestría. Se necesitaron no menos de 70 días de labor para terminarla.
El estilo de la corona pertenece al gótico, llamado florido, el cual impera generalmente en todas las obras de arte del siglo XIV.
Es toda de oro finísimo con engarces de piedras preciosas. Su peso total es de 500 gramos; mide su diámetro en la parte más prominente unos 13 centímetros y tiene de altura hasta la cúspide de la cruz 14 centímetros. Su forma es la de Corona Imperial. Fue bendecida por León XIII el 30 de setiembre de 1886. La solemne coronación, tuvo lugar el 8 de mayo de 1887 en presencia de unas 40.000 personas.

Fue robada el 15 de setiembre de 1897. Fue encontrada y restaurada en la Casa Gotuzzo y Costa, de la ciudad de Buenos Aires, bendecida y colocada nuevamente sobre las sienes de la Virgen por Mons. Uladislao Castellano, Arzobispo de Buenos Aires, el 7 de noviembre de 1897.
La corona luce 8 escudos: los de Argentina, Uruguay, Paraguay, España, el del Papa Pío IX, quien siendo canónigo en 1824 visitara y dijera misa en Luján, el de S.S. León XIII, que bendijera la corona en 1886 y los de Monseñor Aneiros, porteño y Mons. Castellano, cordobés, ya que ambos coronaron la imagen de la Virgen.
La preciosa aureola que circunda la corona que ciñe las sienes de María de Luján está compuesta de doce estrellas a seis puntas y viene a ser como su natural complemento. Sintió el Padre Salvaire, en lo más íntimo de su corazón una voz misteriosa que le recordaba aquella frase apocalíptica de San Juan: "Vi a una hermosa mujer vestida de sol, calzada con la luna y sobre su cabeza una corona de doce estrellas"
El ropaje de la coronada Imagen de Nuestra Señora de Luján, cuajado de piedras preciosas, chispeaba ese día como un verdadero sol; a sus pies la plateada luna pero aún faltaban las 12 estrellas que debían circundar la preciosa cabeza coronada; únicamente añadiendo esta aureola quedaría completa la visión apocalíptica de San Juan, el discípulo amado.
¡Quiera el cielo que todas esas piedras preciosas, testigos de sacrificios, a veces heróicos, sean también una plegaria permanente que traiga las bendiciones de María sobre las personas piadosas que tan generosamente supieron desprenderse de sus galas, para adornar con ellas las sienes de la Reina y Patrona de Luján!.

HISTORIA
La historia de la devoción a la Virgen María bajo la advocación de "Luján", en las comarcas del Río de la Plata, se remonta al año 1630, cuando dos imágenes traídas desde el Brasil fueron cargadas en el puerto de Santa María del Buen Ayre sobre una de las tantas carretas que pacientemente hacían el recorrido entre Buenos Aires y el norte del País.
Un portugués afincado en Santiago del Estero quiso levantar una capilla en la cual se pudiera celebrar misa y, a la vez, honrar a la Virgen Santísima en el misterio de su Inmaculada Concepción. Este portugués, llamado Farías, pidió a un amigo suyo, probablemente Andrea Juan, marino de profesión, que le enviara una imagen de la Purísima. El marino contestó a su amigo de Santiago enviándole, en sendos cajones, dos imágenes de la Virgen: una de la Inmaculada, otra de la Virgen con el Niño.
El convoy salió de la ciudad fundada por Garay cincuenta años atrás (11 de junio de 1580). Pasó la segunda noche en la estancia de Diego Rosendo, que lindaba con el Río de Luján. Al amanecer del tercer día la caravana que se dirigía a Córdoba de Tucumán, no pudo salir del lugar, pues la carreta que llevaba las dos imágenes no arrancó de su sitio, por más yuntas de bueyes que le uncieran. Después de muchos esfuerzos, los intrigados arrieros bajaron el cajoncito que contenía la imagen de la Inmaculada, y la carreta arrancó como pluma que lleva el viento.




Los conductores del convoy comprendieron entonces que Dios quería que esa imagen, que empezaba ya a obrar portentos, no siguiese el itinerario fijado, sino que permaneciese en esos parajes. Así lo interpretaron. Así lo hicieron. Juzgaron inútiles los esfuerzos que hacían para mover la carreta, después de diversos intentos por cargar la Imagen. Esto es lo que se llamó "La detención de la carreta" o "El Milagro de Luján".

La Sagrada Imagen impactó a aquellos sencillos carreteros, incapaces de inventar semejante hecho. Y lo suficientemente realistas y hombres de Fe para descubrir el "paso" de Dios en ese "paso" del río Luján. Los arrieros llevaron la Imagen a la casa vecina de la estancia, que era de don Diego Rosendo. Luego prosiguieron su viaje sin tropiezo, conduciendo la otra Imagen, conocida como "Nuestra Señora de la Consolación" y que se venera hoy en Sumampa, de Santiago del Estero.

Oración por la Patria

Jesucristo, Señor de la historia,
te necesitamos. Nos sentimos
heridos y agobiados. Precisamos
tu alivio y fortaleza.

Queremos ser nación, una
nación cuya identidad sea la
pasión por la verdad y el
compromiso por el bien común.

Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios para amar
a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que
nos ofenden, aborreciendo
el odio y construyendo la paz.

Concédenos la sabiduría del
diálogo y la alegría de la
esperanza que no defrauda. 
Tú nos convocas. Aquí estamos,
Señor, cercanos a María, que
desde Luján nos dice:
 ¡Argentina! ¡Canta y camina!

Jesucristo, Señor de la
historia, te necesitamos.

Amén.

Conferencia Episcopal Argentina

FIESTA DEL SEÑOR DE MAILIN

La historia cuenta que un día de 1780 el anciano Juan Serrano se sorprendió al observar una potente luz al pie de un algarrobo. Con curiosidad se acercó al lugar y descubrió una cruz de madera con la imagen pintada de Cristo, con una calavera bajo sus pies. Esto ocurrió en las inmediaciones de la actual población de Mailín, Santiago del Estero, donde se construyó un templete para este Cristo que con el tiempo fue denominado popularmente Señor de los Milagros de Mailín.
A comienzos del siglo XIX se levantó una capilla para celebrar los oficios religiosos, y en 1870, por iniciativa del General Antonio Taboada, comenzó la edificación de la iglesia mayor. En 1904 se iniciaron los trabajos para construir el actual templo donde se conserva la imagen del Cristo, protegida en una caja de oro y plata.
Poco a poco el sitio se convirtió en lugar de peregrinación de alcance nacional, dando lugar a festividades anuales muy concurridas. La celebración principal tiene lugar el día de la Ascensión (22 de Mayo), y se lleva a cabo una procesión que es muy pintoresca, especialmente por el colorido de las vestimentas femeninas. La gente se acerca a la imagen y corta pequeños trozos de las ramas de los árboles que la rodean, con cuyas hojas se hacen tés medicinales, pues se considera que la presencia del Cristo las ha bendecido. Es común oír frecuentes estampidos, porque se queman cohetes cerca de las patas de los caballos que se habían extraviado y el Cristo ayudó a encontrar. Se calcula que el número de fieles que llegan para esta fiesta supera los veinte mil.

FIESTA DEL CRISTO DE LA QUEBRADA

A treinta y ocho kilómetros de la ciudad de San Luis, camino de Nogolí, se levanta la población de la Quebrada. En ese lugar emerge un modesto templo donde se venera una imagen tallada en madera que recibe el nombre de Milagroso Señor de la Quebrada. Su fiesta se inicia el 19 de Mayo y culmina el día 3 de Junio, coincidiendo así con el Día de la Cruz, de celebración casi universal.
 
De todas partes de la provincia se inicia desde el día 19 de mayo por la noche, la marcha hacia el valle de la Quebrada. Una gran parte recorre el camino a pie y desde la capital provincial parte el contingente más numeroso, compuesto de hombres y mujeres que cubren el largo recorrido soportando las inclemencias del frío, que para esa época se acentúa por la mediterraneidad geográfica de la provincia. El día 2 ya están concentrados prácticamente todos los fieles (entre veinticinco y treinta mil alma), que durante la jornada recorren con honda contrición el largo y empinado Vía Crucis, monumental y hermosa obra hecha en cada una de sus estaciones, con albo mármol de Carrara, verdadera joya del arte escultórico religioso.
 
El día 3 las misas se suceden en el templo, aunque sólo la procesión puede abarcar a todos los que sueñan con el milagro y la comprensión infinita del Señor de la Quebrada, erigido en juez inapelable de la dicha, el amor, la salud y la riqueza de cada uno de los que llegan hasta él.
 
Las gracias acordadas son testimoniadas por placas y exvotos que cubren los muros exteriores del templo.
 
El día 3 por la noche parten los devotos hacia sus poblados y ciudades, pasando frente al cementerio cuyas cruces se han decorado desde el primer día del mes con flores de papel de todos colores, como ofrenda a la paz eterna de los sepulcros. 

EL SEÑOR DE RENCA

Renca es una antigua población de San Luis, situada en el complejo montañoso del noreste de la provincia, en el departamento de Chacabuco, a orillas del poderoso río de su mismo nombre, que en otros sectores de su recorrido es conocido también como río Conlara o Santa Rosa. El pueblo se levanta en un valle serrano y de ensueño, Concarán, que declina suavemente hacia el oeste.

Renca es voz mapuche y su significado está vinculado al nombre de hierbas andinas, cuyas flores son de color amarillo, o quizás, como interpreta Urbano Núñez, severo investigador de su historia, a hierbas que mantienen su color verde a lo largo del año.

Anualmente concentra la atención de los fieles de la región cuyana y aun de Chile, al celebrar el 3 de Mayo la fiesta que le ha dado un lugar prominente en el calendario folklórico nacional.

Cuenta la leyenda que un indio ciego hachaba un espinillo en un bosquecillo cercano a Renca (cerca de Limache, Chile), cuando sintió su rostro salpicado por la goma o savia del árbol. Repentinamente recuperó la vista, arrojó el hacha y se puso a buscar lo que le había causado aquella sensación rara, tropezando con un pequeño Cristo en el hueco carcomido del árbol. La noticia de la milagrosa aparición cundió rápidamente en todo Chile afluyendo mucha gente para dar fe del prodigio. Los más piadosos resolvieron hacerlo conocer en Cuyo y en Córdoba, poniéndose en marcha a través de la Cordillera con el Cristo cargado sobre una mansa mula. En cada población donde llegaba era colocado en la Iglesia y daba origen a grandes ceremonias religiosas, al final de las cuales el indio hacía una colecta de dinero para erigirle un santuario. Al atravesar el río Conlara, camino a la bella ciudad de Córdoba, la mula que cargaba la Sagrada Imagen se echó, y de allí no hubo poder humano que la hiciera levantar. Los creyentes interpretaron que allí quería quedarse el Cristo y se pusieron a levantarle una capilla por el año 1745. Ese lugar tomó el nombre del Señor de Renca que ha conservado hasta ahora.

En uno de sus terribles malones, los indios llegaron hasta esa villa y después de saquearla, buscaron con afán ese Señor del que tanto se hablaba. Al dar con Él, lo sacaron a la plaza, lo lancearon y por fin lo degollaron arrojando sus pedazos en la tierra. En cuanto se retiraron los invasores, los vecinos recogieron los restos dispersos del amado Cristo, y perfectamente reconstruido lo han conservado hasta el presente como una reliquia sagrada e histórica. Durante la invasión de 1834, encabezada por el cacique Yanquetruz, los indios penetraron en Renca, Santa Bárbara y bajaron a Carolina, atraídos por la fama de las minas y de su comercio. Los vecinos pusieron a salvo la imagen llevándola a Las Lagunas (partido de Guzmán), y una vez pasado el peligro el Señor de Renca volvió a su capilla.

Renca se puebla de fieles cuando se acerca la fecha de la celebración. Los peregrinos superan las cinco mil almas. Carpas y ramadas se levantan para proporcionarles baratijas, imágenes del Señor de Renca y de algún "Santo" popular, crucifijos, rosarios y alimentos tradicionales.

El día 3 de mayo se celebran varias misas, y al caer la tarde se lleva a cabo la procesión en la que hombres y mujeres de todas las edades y de las más variadas condiciones sociales hacen su balance espiritual y piden felicidad para ellos y los ausentes, formulando promesas que cumplirán si el Milagroso Señor de Renca pone sobre ellos la protección implorada.  Mientras caminan detrás de la Sagrada Imagen, musitan con la hondura de la plegaria más pura:
 
Me'i desgajao en las piedras
me'í espinao en las pencas...
por vos solito ei venío
milagroso Señor Renca.

EL SEÑOR Y LA VIRGEN DEL MILAGRO

El origen de las imagenes se remonta al año 1592, época en que el Obispo de Tucumán fray Francisco de Victoria concretara la donación al pueblo de Salta de la imagen de Cristo crucificado, cuyo destino sería la Iglesia Matriz de la ciudad. La llegada a tierras americanas de la imagen fue según los relatos auténticamente milagrosa.
En junio de 1592 la imagen llegó flotando en un cajón al puerto de El Callao, Perú, junto a otro que contenía una imagen de la virgen del Rosario destinada al convento de Sto. Domingo, en Córdoba. Jamás se supo qué embarcación las trajo desde España.
Desde Lima emprendieron viaje a su destino a lomo de mula y una vez en Salta, la imagen del Cristo fue depositada en la sacristía de la iglesia matriz y no fue objeto de veneración por espacio de cien años.
En el año 1692 la imagen de Inmaculada Concepción de María, que luego se llamaría Virgen del Milagro, se encontraba a tres metros de altura en un nicho del retablo del Altar Mayor. Cuenta la historia que aquel 13 de septiembre, después de los fuertes y reiterados temblores que destruyeron la ciudad de Esteco y fueron percibidos con singular intensidad en la ciudad de Salta,, se encontró la imagen de la Inmaculada en el suelo sin que sufrieran daño su rostro y manos y según la tradición perdió los colores del rostro que quedó pardo y macilento. La imagen fue llevada a la casa del alcalde Bernardo Diez Zambrano donde se oró toda la noche. Al día siguiente, 14 de septiembre, se colocó la imagen, que todos querían venerar, en el exterior de la Iglesia Matriz donde continuaron los cambios de colores del rostro y fue entonces cuando muchos fieles comenzaron a llamarla “del Milagro”. Una nueva historia empezaba para esta sencilla imagen y para los salteños., que jamás abandonarían su culto y su devoción Según la tradición oral y el exhorto de Chávez y Abreu, el padre jesuita José Carrión recibe la revelación de que el Santo Cristo Crucificado de la Iglesia Matriz, que tenían sin devoción y sin sacarlo en procesión, habría perdonado a Salta a pedido y súplica de la Madre de Dios del Milagro. Los padres jesuitas recordaron al Santo Cristo y lo liberaron de su encierro; lo colocaron frente a la iglesia que la Compañía de Jesús tenía en el centro de la ciudad. La imagen fue sacada en procesión por los fieles salteños con el ruego de que cesaran los temblores, lo que finalmente ocurrió.

Cuadro de Aristene Papi (Primera Procesión – 1939)
Al amanecer del día 14 la tierra dejó de temblar, volvió a estremecerse a la noche, en medio de procesiones y rogativas. Al cesar los estremecimientos, el día 15 renació la calma y con ella se comenzó a hablar del "milagro", designando a la Inmaculada como Virgen del Milagro.
En 1902 y por iniciativa del Obispo Linares, las imágenes fueron coronadas en presencia de altas autoridades de la Iglesia, venidas desde Roma.
El Milagro es pues la más antigua y también la más actual manifestación de fe de Salta, la cual no conoce otro acontecimiento festivo de la antigüedad, masividad y capacidad de inclusión de éste.
Hasta la llegada de Monseñor Tavella las imágenes del Señor y Virgen del Milagro estaban tapadas por una cortina que se corría los viernes y sábados respectivamente porque se consideraba que este culto no era cosa de todos los días. Y así llegamos a nuestros días, en que el culto a las imágenes del Milagro es la festividad más importante para la Ciudad, a la que no solo asisten todos los salteños, sino fieles de Provincias vecinas y la imagen de la Virgen se ha convertido en la Protectora de la Ciudad.
Los cultos del Milagro se celebran entre los días 6 y 15 de septiembre de cada año. La Novena, ha sido compuesta en 1760 por el Presbítero Dr. Francisco Javier Fernandez, y su rezo tiene lugar entre los días 6 y 14 de septiembre. El solemne Triduo se realiza en la Catedral Basílica de Salta los días 13, 14 y 15 de septiembre de cada año.
Los días 15 de septiembre, las Santas Imagenes recorren en procesión las calles de la ciudad, acompañadas de cientos de miles de fieles, en una de las expresiones populares más importantes de la Argentina
La imágen de la Viregen:
La imagen de la Virgen del Milagro representa a María de pie sobre la luna en cuarto creciente aplastando el dragón que enrosca por delante su cabeza y cola aseteada (con forma de flecha).
La procedencia de la imagen no está determinada, pero su análisis muestra que la cabeza y las manos son de distinto origen al cuerpo tallado, al que fueron añadidas.
Inicialmente la Virgen del Milagro fue una Inmaculada de bulto completo con manto, todo tallado en madera. Esta imagen fue labrada nuevamente para hacerla articulada y poder vestirla con indumentarias de tela. Al respecto, Monseñor Toscano escribió: “La novedad que todo lo invade, comenzó por ponerle vestidos de tela, costumbre que se ha perpetuado hasta hoy, desperfeccionándosele, con este motivo, algo de la cabeza para acomodarle pelo postizo, y los brazos para hacerlos susceptibles de ser cubiertos de ropa”.
El ajuste a la nueva moda fue realizado por Tomás Cabrera, como consta en la tarjeta orlada sobre el pecho que dice: “Tomás Cabrera, la encarnó. Año 1795”. (Encarnar significa darle color carne a las esculturas, y nada tiene que ver con el tallado del cuerpo completo). La túnica tallada está ornamentada con finas líneas de oro sobre pintura que simulan brocato y una ancha faja de pan de oro en su borde inferior.
Las coronas
La corona de la Virgen del Milagro es una corona inperial de oro, constituida por cerco y diademas formados por dos rebordes en perilla y circunferencia de turquesas, con un espacio tachonado de esmeraldas y amatistas, un orbe de Lapislázuli, y coronamiento de la cruz con brillantes y esmeraldas.
La corona del Señor es una Real de oro de 24 kilates, con engarce de esmeraldas, rubíes y amatistas, constituida en cerco y diademas.
El cercos está divididos en tres zonas: su base es una circunferencia de laureles que divide un paño lisado superior, también circular, con roleos entrelazados y espaciados por una flor de extremos flordelisados, guarnecidos por una esmeralda, dando paso a ocho diademas, formadas por roleos entrelazados que conforman una cuasi flor de Liz en la punta. Entre estas diademes, hay siete diademas menores con motivos fitomorfos.

Las Coronas de flores
Cada septiembre engalanan las Santas Imágenes
Fue aproximadamente en 1.890, cuando doña Florencia González Sarberry de Ovejero Zerd, esposa de don Sixto Ovejero Zerda - fundador del ingenio “Ledesma” en la provincia de Jujuy y gobernador de Salta cuando la invasión de las montaneras al mando de Felipe Valera, dispuso elaborar esas ofrendas en su casa de Florida 62, actual sede de la Municipalidad capitalina, empleando flores que hacía traer de su quinta “La Noria”, parte de cuya “sala” se conserva hasta hoy en Pueyrredón al 500, vereda Oeste. A la muerte de doña Florencia, ocurrida en marzo de 1.920, la responsabilidad de esta tarea se dividió entre sus hijas doña Adelaida O. Gonzáles de Tamayo, quien se hizo cargo de la del Señor, y doña Electa O. González de Figueroa Ovejero, la de la Virgen.
La señora de Tamayo falleció en noviembre de 1.949, sustituyéndola su hija doña Graciela Tamayo Ovejero de Mendióroz, quien murió hace alrededor de cinco años, quedando a cargo desde entonces su hija doña Cecilia Mendióroz Tamayo de Durand Cornejo, hasta el presente, elaborándose la corona del Señor en el domicilio de esta última, situado en Buenos Aires 181.
En cuanto a la corona de la Virgen, la señora de Figueroa Ovejero falleció en julio de 1.924, quedando a cargo de la tarea su hija mayor, doña María Luisa Figueroa Ovejero de López, la que al fijar su residencia en Buenos Aires fue remplazada por una de sus hijas, doña Alicia López Figueroa de Alderete, la que cedió la responsabilidad a su tía y segunda hija de doña Electa, doña Elvira Figueroa Ovejero de Zavalía Esteves, quien al fallecer en junio de1.991 dejó a cargo a su sobrina doña María Hortencia Figueroa, la que a su vez fue sustituida dos años más tarde por una de las nietas de doña María Luisa, doña Martha Alicia Alderete López de Puló García, quien en la actualidad dirige la tarea en casa de una de sus hijas, doña Mariana Puló Alderete de Goytia Etchevehere, en barrio Tres Cerrito.
Las flores
El arreglo floral del Señor del Milagro
lleva, aproximadamente,
diez mil claveles rojos,
y el de la Virgen,
unas ocho mil flores blancas.
Respondiendo a un especial pedido de un descendiente directo de doña Florencia González Sarberry de Ovejero Zerda, la valiosa colaboración que en la confección de las coronas prestaron siempre la señora Elisa Salguero de Ebber (ya fallecida), sus hijas Josefina y Herminia y sus nietas, quienes dan el toque final a las artística ofrendas. 

LUNES A VIERNES DE 18 A 19:30 HS POR 94.7 FM RIO - IDEA PRODUCCIÓN Y CONDUCCIÒN: SILVIA DÌAZ

AROMA A BUENOS MOMENTOS

La pava que silba, y la yerba comienza a hacer sentir su delicioso aroma. Pastelito, criollitos, algo rico para comer. Una charla, un mate, un compartir. Lleno de sensaciones, de amistad, de recuerdos y pasatiempos. El orgullo de ser fieles seguidores a nuestras costumbres. Costumbres Argentinas. Que se llevan dentro, una guitarra, una vidala, un chamamè. Momentos inolvidables, música, y compañía. Te invito a compartir todo eso y mucho màs de Lunes a Viernes de 18 a 19:30 Hs. En la 94.7 FM RIO, haciendo lo que hemos nacido para hacer… VIVA MI TIERRA!! Un programa radial lleno de intensas emociones y de aquellos momentos que solo vos y yo, podríamos saber de que hablamos.

Silvia Dìaz. Productora y Locutora.

Gracias a la Vida

"...Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio dos luceros que cuando los abro

Perfecto distingo lo negro del blanco

Y en el alto cielo su fondo estrellado

Y en las multitudes el hombre que yo amo

Gracias a la vida que me ha dado tanto..."