..

HAMLET LIMA QUINTANA

El jueves 21 de febrero de 2002 muere Hamlet Lima Quintana, estupendo poeta y realizador destacado de ese arte tan difícil -aunque a algunos les parezca más sencillo que escribir poemas, y no es así- que es ser letrista de canciones. Pero más que poeta y letrista de numerosas obras trascendentes -"Zamba para no morir", entre muchas otras- Hamlet fue, por sobre todo, un juglar. El último juglar que nos quedaba tras la muerte de Armando Tejada Gómez. Se llamaba en realidad Hamlet Romeo Lima. Tal vez para eludir paternos excesos "shakespereanos", en algún momento decidió eliminar a Romeo e incorporarse el apellido materno, Quintana.
Militante del viejo Partido Comunista -al que permaneció fiel toda su vid - Hamlet, desde ese lugar, tuvo una intensa vida política. Esa militancia nos juntó y nos separó muchas veces, aunque nunca afectó nuestra amistad de tantos años. En 1996 realizamos una gira por 14 estados mexicanos -en compañía del cantante pampeano radicado en México DF y 







ex-integrante del conjunto que acompañaba al gran artista oriental Alfredo Zitarrosa, Délfor Sombra- con un espectáculo que denominamos "Contando y cantando". Presentamos ese espectáculo de música y poemas en grandes ciudades y en pueblos pequeños de México. Fue un mes a todo viaje, repleto de anécdotas que alguna vez quizás escriba en alguna parte. Porque algo que me importa rescatar ahora, en este momento en donde hablo del amigo que -como dicen tan bien los mexicanos- "se nos adelantó", tiene que ver con la militancia en el inicio de la era de plomo de la dictadura militar. Y que acabó siendo la principal razón por la cual en junio de 1976 debí emprender un inesperado y nunca deseado camino al exilio.
¿Por dónde empezar? Hagámoslo por una noche de mayo, fines de mayo, de ese año maldito. Habían comenzado a "desaparecer" escritores: Haroldo Conti, Alberto Costa, Oscar Barros, Lucina Alvarez, Federico Moreyra, Antonio Di Benedetto, Enrique Coureau, entre otros. La SADE -Sociedad Argentina de Escritores- protestó públicamente. Ratti -cuyo nombre creo que inconscientemente no retengo- era un oscuro escritor hábil para ubicarse en el poder, Presidente de la SADE en ese momento. Había ganado las elecciones internas en alianza con el Partido Comunista, derrotando mediante el buen manejo del padrón y algunas picardías a los "ultras" de la Agrupación Gremial de Escritores que encabezaba el gran viejo Elías Castelnuovo y que contaba entre sus integrantes a Roberto Santoro, Haroldo Conti, Carlos Patiño, Alberto Costa, David Viñas y Vicente Zito Lema, entre otros muchos luchadores sociales. 






"Hamlet Lima Quintana" 


En la lista de Ratti figuraba Hamlet Lima Quintana; por ende, en 1976, Hamlet era integrante de la Comisión Directiva de esa SADE. Creo, estoy convencido, que fue por contar con Hamlet en la CD que esa SADE protesta por las desapariciones. Porque, más allá de "razonables" y "ultras" políticas, internas muy en boga en esa época, Hamlet no se iba a quedar de brazos cruzados mientras desaparecían o mataban escritores. A tal punto fue así que la CD de la SADE encomendó (¿encomendó o atendió sus exigencias? Por cuanto ocurrió después, diría que más bien esto último) a Hamlet que se 







ocupara personalmente de todo lo relacionado con este cruel asunto.
El caso es que Videla no pudo esquivar el malestar y decidió convocar a aquel famoso "encuentro con la cultura" de junio del 76. Pero a quienes les venían bien: por supuesto a Jorge Luis Borges, como una "concesión amplia" a Ernesto Sábato y como representante del pensamiento "occidental, democrático y cristiano" al cura Castellani. Protesta la SADE por la marginación del organismo representativo de los escritores y a regañadientes se incorpora a la reunión a Ratti. Por exigencia de su aliado interno, el PC, Ratti debía cumplir con una misión: entregarle a Videla en propia mano una lista con los escritores desaparecidos, tarea que a Ratti le pareció nauseabunda y "poco diplomática". Pero la CD se mantuvo firme y Ratti debió acatar la decisión. En función de este hecho, la noche anterior a la entrevista nos reunimos en la SADE un grupo de escritores con Hamlet Lima Quintana, ultimando detalles e información sobre los hechos. Charlando del asunto nos quedamos en el comedor de la SADE hasta estar seguros de que la carpeta elaborada sería llevada por Ratti a esa entrevista. 
En algún momento -los hechos se me traspapelan- recibo la confirmación de dos casos de escritores desaparecidos en esas horas, cuyos nombres no puedo precisar hoy, huyen de la memoria. Era urgente agregarlos a la carpeta. Vuelvo al comedor de la SADE rogando que Hamlet estuviera todavía, pero ya se había ido. Pedí una urgente entrevista con Ratti y le informo de las nuevas desapariciones para que los agregue a la carpeta. Sin Hamlet delante, Ratti se envalentona, golpea su escritorio y brama "ya estoy harto de abogar por estos comunistas (sic); yo no le voy a agregar un nombre más a esta carpeta sin que figure el nombre y número de socio de quien hace la denuncia". Tengo estas palabras muy grabadas, porque ese nombre y número de socio no podía ser otro que el mío, porque ya no había nadie más que yo esa noche. Y eso significaba nada más y nada menos que entregarle en propia mano al mismísimo dictador... mi sentencia de muerte. Firmé, de todos modos, pensando que tal vez alguna vida podía ser salvada y yo, bueno, a ver cómo nos arreglamos. Es decir que las dos últimas denuncias tenían, en soledad, mi nombre y número de socio. Más auto incriminación imposible.
La noche siguiente vi por televisión el resultado de esa "entrevista por la cultura" de la dictadura. El vocero fue Borges, quien dijo dos o tres cosas convencionales y nada más. La noche posterior voy a la SADE -calle Uruguay al 1200- para conocer detalles. Hamlet estaba indignado porque el "lamebotas" de Ratti había pedido disculpas al entregar la carpeta, porque Sábato no dijo una sola palabra sobre los escritores desaparecidos y sólo el cura Castellani, más bien lejos de cualquier actitud democrática, fue el único que había abogado, pero sólo por Haroldo Conti, alguna vez alumno suyo y al que calificó de "buen cristiano". A ninguno sorprendió que Borges hubiera atacado a Ratti y a la SADE por defender "subversivos". Hamlet partió hacia lo que supongo una agitada reunión de CD
-ignoraba yo que pasarían muchos años hasta que volviera a verlo- y me fui hasta Secretaría para chusmear más detalles de la entrevista. Y allí Mabel, la Secretaria, se asombra de verme y me dice que habían venido a pedir mi legajo 
-no dijo quiénes, pero se sobreentiendo- que mi legajo se había traspapelado pero que no se podía sostener mucho ese "traspapelamiento": tenía que irme, tenía que "rajar ya", según sus palabras. Y me "rajé ya", qué otra cosa podía hacer, habiendo yo mismo firmado mi propia sentencia. Intenté comunicarme con Hamlet, pero fue imposible. 
Muchos años después, frente a Plaza de Mayo, veo la inconfundible, quijotesca, figura de Hamlet. Nos abrazamos y reanudamos nuestra vieja amistad, contentos ambos de haber sobrevivido a los "años de plomo" y de haber salvado alguna vida: la de Antonio di Benedetto, tal vez la de Federico Moreyra, tal vez alguna otra. Lloramos la muerte de tantos hermanos. Y seguimos con la poesía. Así quiero recordar a Hamlet Lima Quintana: furioso con los "lamebotas", indignado con los tibios, hacedor de tormentas entre los enemigos de la cultura. Salve, Hamlet. Y ojalá exista una buena ginebra en donde estés, sea donde fuere que vamos los poetas.

PABLO RAUL TRULLENQUE

Uno de los principales y más inspirados poetas de nuestro folklore regional, nació en Santiago del Estero y ejerció los más diversos oficios que le proporcionaron los elementos con que nutrió su vasta producción poética.
Huérfano de muy niño fue criado por su abuela materna en uno de los barrios periféricos de la ciudad.
El poeta la recuerda con cariño: “Se llamaba Ercilia Gallardo, era hija de indios y analfabeta. Esa mujer llena de cariño me cuidó con la ayuda de otros familiares”.
Pablo vendió diarios, lustró zapatos y a los 12 años trabajó como ayudante de sastre de su padrino, don Luis Díaz.
En el año 1957 recaló en Buenos Aires para trabajar en importantes sastrerías.
Navegó en alta mar por iniciativa de un hermano durante dos años recorriendo varios países sudamericanos y luego durante un año en la Marina Mercante amplió su conocimiento del mundo.
Su ingreso a la vida artística
En Santiago había hecho de locutor en los bailes del “Solar de los Deportes” y con esos antecedentes se relacionó en la Capital Federal con las peñas de éxito. Allí conoció a la flor y nata del folklore nacional. Su primer tema importante lo escribió con Carlos Carabajal y se trata de la chacarera “Pa´ carnavalear”.
Lo demás, su relación con diversos coautores, es ampliamente conocida como la sucesión de títulos que enmarcan una gran trayectoria y lo ubican en lo más granado de la letrística nacional. Sólo por mencionar algunos como “La pucha con el hombre”,
“Camino al amor”, “Para el que ande más lejos”, “Santiago chango moreno”, “Fiesta grande en Santiago”, “Chacarera del patio” y la ya casi convertida en himno popular, la chacarera “Entre a mi pago sin golpear”, le dan a Trullenque una indiscutible categoría de bardo popular.
Sin dejar de lado sus obras integrales:”Salud, Santiago, madre de ciudades” y “Grito de un viejo silencio”como muestras de una creatividad sin límites hay que coincidir en el juicio valorativo del Lic. Alberto Tasso cuando dice:” Trullenque se inscribe de modo característico en el tipo llamado poeta popular, de que aquel que recoge unos asuntos, unos sentimientos y hasta un modo de expresión compartidos por su comunidad”.
Falleció en La Banda el 5 de setiembre de 2000

Alguna“Chipaco”

Chipaco: fue la unánime respuesta
a la pregunta con lejano acento
al oírse el pregón tan dulce y viejo…
-¿Qué vende ese pájaro de la siesta?-

-Es un pan de harina, grasa y chicharrón
salmuera, amor, dolor y rancia nobleza
pan milagroso que llena la mesa
de antiguos olores y sabe a perdón.-

Pan que en horno de barro se cocina
con fuego de leña de árbol tumbado
o muerto de pie en siestas pajizas.

Cuando lo muerdas, cobrizo y crocante
sentirás, la fe, el amor de mi gente
y su nostalgia por el hijo vacante.

Con matecocido es almuerzo y cena
en los días duros de la soledad
fue y es muchas veces pan de navidad
en los ranchos parias y en las cosechas.

Y desde siempre fue pan… desde el agua…
la sal, el mortero y la flor del trigo
y tomó el color ocre del nativo
en bateas de sol y noches leudadas.

¡Ah, cuando halles un chango vendiéndolo
cómprale que podrías comprar un sueño,
quizás una leyenda o una tradición.

Y al volver no olvides llevarte este pan
y llevarás con él la gracia del Señor
para compartirla y bendecir tu hogar.

Pablo Raúl Trullenque
Abril de 1996

JACINTO

Ricardo Manuel Gómez Oroná nació en Santiago del Estero el 25 de septiembre de 1955. como buen santiagueño cantó y bailó desde muy chico. Su padre don Manuel fue un destacado bailarín. A los 7 años jacinto debuto como cantante en el viejo club Belgrano. Durante un tiempo anduvo actuando por peñas y festivales como “Ricardito el niño cantor”.
Mas tarde la familia viaja a Bs. As. a radicarse fue allí donde empieza a abrirse camino en el ambiente musical. Ya en su juventud, Cuti Carabajal lo relaciona con Horacio Guarany, su ídolo de toda la vida, quien lo bautiza “Jacinto Piedra” y le posibilita la primera grabación como solista. El álbum se titula “El incendio del poniente”. Se edita en el sello CBS, con temas propios (algunos con Adolfo Marino Ponti) y de Peteco Carabajal.
Con un breve paso por Bolivia y Perú, Jacinto aparece en el ambiente artístico Santiagueño bajo la tutela de Cuti que lo presenta en el Festival de la chacarera en el año 1983 realizado en el Hipódromo, sobre la margen derecha del rió Dulce. Posteriormente es invitado por don Sixto Palavecino para participar en la grabación del L. P. “Por qué por quien”. Jacinto gravo el aire de chacarera “Te voy a contar un sueño”, tema que alcanzo gran difusión y define a nivel popular su particular visión por la poesía y el canto. Por esa época, su relación con León Gieco le permite actuar con el grupo del santafecino en varias ciudades argentinas.
En el 85 el “Chango” Farias Gómez lo convoca a formar parte del grupo M.P.A. (Músicos Populares Argentinos) junto a Verónica Condomí; Peteco Carabajal y el “Mono” Izaurralde. M.P.A. grabo 2 discos “Nadie mas que nadie” en el 85 y “Antes que cante el gallo” en el 87.
Desvinculados de M.P.A. Jacinto y Peteco forman “Santiagueños”(*) que acercó a la juventud de gran parte del país a las expresiones folklóricas. El disco “Transmisión Huaucke” aun sigue vigente y recientemente fue editado en CD, lo que confirma su trascendencia tato artística como comercial.
Disuelto el grupo, Jacinto continuo su carrera solo o acompañado por el grupo “Kausay” , también con Tucho Ruffa y el grupo “La Calle”.
En los últimos tiempos participa activamente junto al payador Lázaro Moreno en la campaña política del M.O.P. (Movimiento de Opinión Provincial). En la madrugada del 25 de Octubre de 1991 fallece en las cercanías de San Carlos (depto Banda). Sus temas mas conocidos: “Hermano Kakuy” (con letra de Juan Carlos Carabajal), “Te voy a contar un sueño”. “Canción del quenero”, “Los niños del mundo” y particularmente la ultima “Chacarera del amor”, inmortalizan un estilo propio e inconfundible.
Los restos mortales del interprete fueron velados en la “Casa del folklorista” dando lugar a conmovedoras escenas de dolor. En el desfile incesante hubo muchos jóvenes y en la marcha de cortejo por las calles de la ciudad, el pueblo volcó a darle el ultimo adiós.
Tenia 36 años.

Adiós Hermano Jacinto

La noche del domingo 20 de octubre de 1991, “Ventana Abierta” entrevistaba a Jacinto Piedra en su domicilio del Barrio Belgrano.
En la madrugada del viernes 25, un accidente truncaba la vida del popular artista santiagueño


"Alma elegida. Te vas empuñando una guitarra. Tu canto azul, mas que nunca azul de cielo, ya se encarna en el caballo cósmico que Siempre te ha esperado.... para eternizarte. Partir es volver. Volver significa no haberse ido nunca."


“Nos fuimos a vivir a Buenos Aires cuando yo era muy chiquito. Viví parte de mi niñez y juventud en Morón.
Extrañaba mucho Santiago. Extrañaba el canal de Tala Pozo, los juegos; el clima extrañaba.
Buenos Aires es muy frío. Me acuerdo que había llevado pantalones cortos, mi hermana había llevado pollerita y allí se usaba ya ropa mas abrigada.
Cuando sos chico no decides por vos. El desarraigo que dicen algunos no se produce por uno ni por los padres de uno.
Las condiciones sociales que atravesaban la provincia en esos momentos obligo a emigrar a mucha gente.
Peteco también ya se había ido con los padres.”

La Aventura Musical en Buenos Aires

Allá era simplemente Ricardo Manuel Gómez, y en los escenarios se presentaba como Ricardito “el niño cantor”. El chico santiagueño de voz prodigiosa, el que a los 8 años deslumbro el auditorio de la prestigiosa Radio EL Mundo.
A los 12 años ya andaba mezclado en los grupos de música progresiva. Tocaba el bajo y cantaba en “Malva Blues”, de Morón y luego en “El Obelisco”.
“Con peteco somos amigos desde chicos, desde los primeros años. Eramos del mismo barrio, Peteco, por ejemplo se largo a cantar mas grandecito. Yo estudiaba guitarra y tocaba con grupos. Eramos los primeros que tenían el pelo largo, las camisetas y todas esas cosas. Mi raíz estaba en el folklore. Venia de todo lo que era Santiago. Pero en ese momento la música progresiva nos gustaba a todos.
Así fue que anduvimos muchos años en esto, pero después, la música que se llamo progresiva, al comercializarse, al ser empresa, entonces la música empieza a ser proyectos de empresarios y es ahí cuando los interés corrompen todo. Toda la espiritualidad, la energía, todo lo que seria el arte.
El arte fundamentalmente se basa en los sentimientos y en la espiritualidad, yo creo que aun el mas hipócrita de los artistas si es artista en el alma tiene cosas buenas.
Lo de la música progresiva se descompone, y bueno sobreviven los que han podido acomodarse a este sistema, a este juego.
Dentro de eso, nosotros empezamos a organizar nuestros primeros recitales, como una manera de hacernos ver y conocer.
Teníamos en claro que lo mas importante de esto era el publico.”

Jacinto Piedra nace cuando Horacio Guarani queda admirado de su canto y se convierte en su padrino artístico. En 1983 Jacinto graba su primer disco.
“Los discos son importantes cuando son hechos en función del arte.
Hubo sellos como Trova, como Diapasón, otros sellos independientes donde el artista tenia real acceso a la grabación. Iba mejorando el panorama.
yo siempre he sido un interprete, pero me he puesto a componer a pesar de que considero que hay gente con mucho mas talento que yo para eso pero me largaba a componer para pincharlos a los demás, para que produzcan mejores cosas los que tienen talento. En Santiago se han dado cosas muy importantes los ultimos años.
Al hacer los temas es como una manera de mostrarse uno.
Yo trato de inspirar a los músicos como yo, o mas jóvenes, que recién empiezan para que se animen y hagan música. Trato de transmitirles la experiencia que uno a adquirido sobre el escenario.”
¿Qué es lo que puede da un músico a la comunidad?
-Nosotros los músicos somos en vehículo del mensaje que te esta tirando la gente. Y uno debe escucharla, interpretarla. Debe tener el don y el tiempo. Entrar en un estado contemplativo permanente de la vida, de las cosas.
Por ahí preguntan: “che, ¿a que te dedicas?”, “a tocar la guitarra”, “si, ¿pero de que trabajas?”
¿Pasa por ahí el compromiso?.
-Por ahí pasa. Te decía lo de los músicos por que yo he sufrido mucho por no poderme comprar un instrumento.
Un instrumento nuevo no es un equipo de gimnasia. Y el músico necesita un cable, un equipo, una buena guitarra. Y a veces son inaccesibles.
La industria de la música avanza en todo el mundo, entonces nosotros pasamos a ser un servicio utilitario. Y eso lo tenemos que tener bien en claro.
¿Has tenido apoyo por parte de tu familia?
-Si, bastante; bueno, ellos también han sido artistas. No he tenido un padre que me ha dicho: “No toques”. Al contrario: “Toca, pero toca bien”, me decía.
Los grandes escenarios que recorrió mi padre con la danza, los he recorrido cantando. Eso es un gran orgullo para mi.
¿Como ves el futuro?
-De tanto andar y andar me he convertido yo en un proyecto. Yo soy el proyecto con toda su derivación, ¿no?. Ojala un día pueda tener acceso a trabajar por estructuras nuevas dentro del arte así sea que tenga que caer en lo político. Yo quisiera trabajar para poner unas escuelas de piano aquí en Santiago donde haya 10 píanos para que los chicos que tengan mucho talento estudien. Desde muy chiquitos ya, formarlos. Formar camadas, y vas a ver que en 10 años, 20 años, vamos a tener generaciones de excelentes músicos. Yo he venido para trabajar en ese tipo de proyecto en Santiago. Hay otros proyectos que solamente estando al lado del poder se puede luchar por esos espacios estancados que no han progresado en muchos años.
Hay gente que toma las ideas que otros tiran y pasan a ser después los dueños de la pelota. Por lo menos deben leer y conocer el proyecto del otro, acompañar y no copiarlo. Eso es lo lindo. Pero cuando vos no puedes, en tu corazón no existen esas cosas, no puedes hacer nada por nadie. Y ese es un tipo triste.
Yo sigo creyendo que es bueno hacer un conjunto, a tal punto que he armado muchas cosas después de “Los Santiagueños”, espectáculos, todos diferentes, con el grupo vocal Causay, con Horacio Banegas. He impulsado todas esas cosas dentro de lo que puedo hacer. Mira que yo ando en ómnibus, no tengo auto. Ando como puedo pero con ingenio.
He compartido con Orígenes, con Helpidio Herrera, el acceso que yo tenia a los grandes festivales.
-Volcar en tu provincia lo que puedes dar, a partir de la experiencia recogida...
-Si. No quiero ir a Buenos Aires ya que todo esta centralizado allá. Desde aquí quiero realizar este proyecto, aunque aparentemente allá tenga mayores posibilidades. Creo que tenemos que caminar por la música, para que este proyecto que compartimos con Santiagueños siga. Tiene que seguir abriendo escuelas de piano, escuelas de guitarra. Uno puede estar en condiciones de ver y acompañar todo eso sin clasificar ni calificar.
A partir de ahí, podemos hacer cualquier revolución sin arma, la mejor, la pacífica. Eso desemboca en la pintura, en el teatro, en el cine, en muchas cosas.
Pero lo mas fuerte de Santiago, lo que hay que cuidar es el patrimonio musical que tenemos.
Crear organismos para que a través de los mismos nos unamos y podamos llevar adelante este proyecto. Por que al mas alto gobernante y al mas humilde de los militantes, le gusta la chacarera.”

Hugo Orlando Ramírez

Extraído de la revista “Ventana Abierta” 

JACINTO PIEDRA

El Cardenal sigue cantando
http://www.diariopanorama.com/noticias_ampliada.asp?IDNews=11681

Fue sin dudas uno de los cantores más populares que dio nuestra tierra. Su inconfundible voz reflejaba la raíz profunda de nuestra tierra y su gente. Aquí nuestro humilde homenaje a Jacinto Piedra.
Este 25 de octubre se cumplen 15 años de su partida al cielo, donde seguramente estará cantando chacareras con Carlos Carabajal, o filosofando con Pablo Trullenque, o riendo con Carlos Saavedra y tantos otros grandes de nuestro folclore.
El del suplemento Nº 2 de “Santiago Guitarra y Copla” de Noviembre de 1991 nos relata que “Ricardo Manuel Gómez Oroná nació en Santiago del Estero el 25 de septiembre de 1955. Como buen santiagueño cantó y bailó desde muy chico. Su padre don Manuel fue un destacado bailarín. A los 7 años jacinto debutó como cantante en el viejo club Belgrano. Durante un tiempo anduvo actuando por peñas y festivales como “Ricardito el niño cantor”.
Más tarde la familia viajó para radicarse en Bs. As. Fue allí donde empieza a abrirse camino en el ambiente musical. Ya en su juventud, Cuti Carabajal lo relaciona con Horacio Guarany, su ídolo de toda la vida, quien lo bautiza “Jacinto Piedra” y le posibilita la primera grabación como solista. El álbum se titula “El incendio del poniente”. Se edita en el sello CBS, con temas propios (algunos con Adolfo Marino Ponti) y de Peteco Carabajal.
Con un breve paso por Bolivia y Perú, Jacinto aparece en el ambiente artístico Santiagueño bajo la tutela de Cuti que lo presenta en el Festival de la Chacarera en el año 1983 realizado en el Hipódromo, sobre la margen derecha del rió Dulce.

Posteriormente es invitado por don Sixto Palavecino para participar en la grabación del L. P. “Por qué por quien”. Jacinto grabó el aire de chacarera “Te voy a contar un sueño”, tema que alcanzó gran difusión y define a nivel popular su particular visión por la poesía y el canto. Por esa época, su relación con León Gieco le permite actuar con el grupo del santafesino en varias ciudades argentinas.
En el 85 el “Chango” Farias Gómez lo convoca a formar parte del grupo M.P.A. (Músicos Populares Argentinos) junto a Verónica Condomí; Peteco Carabajal y el “Mono” Izaurralde. M.P.A. grabo 2 discos “Nadie más que nadie” en el 85 y “Antes que cante el gallo” en el 87.
Desvinculados de M.P.A. Jacinto y Peteco forman “Santiagueños” que acercó a la juventud de gran parte del país a las expresiones folklóricas. El disco “Transmisión Huaucke” aún sigue vigente y fue editado también en CD, lo que confirma su trascendencia tanto artística como comercial.


Disuelto el grupo, Jacinto continuó su carrera solo o acompañado por el grupo “Kausay”, también con Tucho Ruffa y el grupo ” La Calle “.
En la madrugada del 25 de Octubre de 1991 fallece en las cercanías de San Carlos (Banda). Sus temas mas conocidos: “Hermano Kakuy” (con letra de Juan Carlos Carabajal), “Te voy a contar un sueño”, “Los niños del mundo” y particularmente la ultima: “Chacarera del amor”, inmortalizan un estilo propio e inconfundible.
Los restos mortales del interprete fueron velados en la “Casa del folklorista” dando lugar a conmovedoras escenas de dolor. En el desfile incesante hubo muchos jóvenes y en la marcha de cortejo por las calles de la ciudad, el pueblo entero se volcó a darle el último adiós. Tenía 36 años.
Extraído del suplemento Nº 2 de “Santiago Guitarra y Copla” - Noviembre de 1991

FROILAN GONZALEZ

Indio Froilán: el monte santiagueño lo hizo luthier
(Nota publicada en el número 2 de la revista Todo Folklore y Tango)
por Juan Carlos Carabajal
Tal vez que alguien se imagine que se llama José Froilán por el corredor de autos más conocido como el Cabezón y que fuera compañero de ala del mismísimo Fangio. Acertó.
La idea fue de un amigo del padre de este santiagueño macizo como buen quebracho que habla con una facilidad que asombra.
Tal vez usted que no conoce su taller se imaginará que es un tinglado donde las máquinas no dejan conversar y los operarios de riguroso uniforme ostentan una credencial que dice: “Artesanías El Indio”.
Nada de eso. Si no conoce la ciudad de Santiago del Estero pida que lo lleven a la Boca del Tigre, cerca del río Dulce. Irá por avenida Belgrano al norte como quien se va para el aeropuerto y antes de cruzar el canal lo conducirán por la orilla del curso de agua hasta una arboleda y un espacio abierto a los cuatro vientos. Allí está el “taller” del Indio Froilán.


De infancia difícil y miembro de una familia que vivía de la pesca., con su padre, don Ramón Rosa y su hermano Miguel iban de noche al río a recoger los socos, bagres y dorados que a la mañana siguiente la madre y el hermano salían a vender por la calle. La vocación por el oficio que lo ha hecho famoso dentro y fuera de nuestras fronteras le viene de visitar desde niño en el barrio de Huaico Hondo a su tío Polito Neirot que además de fabricar bombos era músico.
Un día, mientras pescaban encontraron un tronco de ceibo que es la madera que se utiliza para hacer el cilindro del bombo.
El primer impulso fue llevárselo al tío pero lo pensaron mejor y decidieron ellos mismos fabricar un bombo. Ahí empieza la historia. Froilán tenía once de los cincuenta y seis años que declara hoy.
El primer repique
En este preciso instante, en algún lugar del mundo está sonando un bombo de Froilán. El hombre habla de Peter Gabriel, Shakira, Virus, Gustavo Santaolalla, León Gieco, Cirque du Soleil, del Chango Nieto, Los Cuatro de Córdoba, Los Altamirano, Alberto Cortez, algunos de los muchos que tienen un instrumento con sonoridad “froileana” como de cualquier santiagueño o cordobés o tucumano que para el mes de julio se cuelga el bombo al hombro y sale por las calles santiagueñas a marchar sacudiendo las entrañas de la tierra como quien mantener despiertos a los ancestros.
La razón de la preferencia de músicos de cualquier extracción y género por los instrumentos que salen de ese taller a cielo abierto tiene que ver con la excelencia debidamente certificada por los intérpretes más exigentes.
Imposible saber cuántos bombos salieron de sus manos curtidas. De aquellos dos primeros ejemplares hechos con un hacha y una maza de propiedad de los González y con una gubia prestada, Froilán no ha llevado una estadística: “No sé cuántos hago en el año. Lo que me interesa sobre todo es que cada ejemplar que salga del taller sea mejor que el anterior”, declara convencido de la validez de una tarea que se prolonga en las clases demostrativas y talleres que dicta en cualquier lugar del mundo.
El improvisado taller familiar tuvo su primer halago cuando en la revista “Así”, en una nota al riojano Ramón Navarro apareció colgado de una pared un bombo que ostentaba un triángulo que era el signo distintivo del novel grupo de artesanos. El triángulo se relaciona con los diaguitas por eso Peteco lo bautizó “el Indio” además de dedicarle una hermosa chacarera.
El secreto de la sonoridad del bombo de Froilán surgió de casualidad. Una fábrica santiagueña exportaba bombos, sobre todo a los Estados Unidos. Con máquinas especiales sacaban hasta diez bombos de cada tronco de ceibo con una particularidad que el Indio descubrió de manera casual. Un músico le trajo un bombo de esa fábrica para que lo arreglara y al hacer los cambios comprobó que algo apagaba el sonido. Eran los “vellos” que en la parte interna del cilindro dejaba la máquina.
“Elemental, Watson”, hubiera dicho el bueno de Sherlock Holmes.
“Eureka, he descubierto el sonido”, dice con picardía el luthier parafraseando al filósofo griego. Había que alisar y pulir la parte interna y nada más. Claro que hay otros detalles que contribuyen a la excelencia del sonido final.
A partir de entonces se inicia una búsqueda de elementos y tratamientos de la madera y los cueros que le dan a un legüero de Froilán categoría de Stradivarius, salvando las distancias.
Nos enzarzamos luego en una charla puramente técnica y artística: la calidad de los cueros (de vizcacha, de cabra, etc.) la utilización del palillo con pompón caída en desuso, el tamaño de los bombos (uno chico para la danza y apto para los bailarines, otro mediano para el acompañamiento y el legüero normal de dimensiones adecuadas para que entre en cualquier vehículo) también de los “sachabombos” que fabrica y que están afinados de mayor a menor como si fuera un sikus, hablamos del uso del bombo colgado como lo hace Julio Paz (de Los Copla), por ejemplo, o en un set de percusión para otros géneros, de cuando León Gieco grabó “De Ushuaia a La Quiaca” y el bombo santiagueño se metió en el rock nacional sino pregúntenle a los Divididos, de qué modo el bombo salido de la Boca del Tigre puede escucharse en Italia, España, Bélgica, Kenia, Japón, Alemania, en los Estados Unidos y siguen las firmas.
El Indio habla de sus viajes a Europa, de una actuación para la BBC de Londres junto a la bonaerense Bárbara Luna y el santiagueño Tachi Gómez, radicados allá, de un festival donde estaba Peter Gabriel y uno medio que se siente abrumado por tanta información que responde a la más auténtica realidad.
Para el final, la estocada
-¿Dejarías Santiago para instalarte por ejemplo en Córdoba si tuvieras una propuesta tentadora?, le disparamos a quemarropa.
- Lo que pasa es que yo trabajo libre en el patio debajo de los algarrobos, los mistoles y las talas, en la corriente de aire, con el canto de los pájaros y el ruido de las catas. Además si me falta madera para hacer un aro ahí nomás a una cuadra me meto en el monte y tengo lo que necesito.
De ese modo gozo de la tranquilidad lejos del ruido que no nos permite crear muchas cosas. Nunca me iría de Santiago. Viajo circunstancialmente por ejemplo a Europa o a Cosquín adonde me fue muy bien.
En mi patio puedo jugar con los perros, con los gallos que tenía antes, eso hace que me tranquilice, puedo estar en bermudas o sin camisa, pero también adonde voy encuentro el lugar adecuado para trabajar como me sucedió en Francia, cerca de Lyon, donde puse los elementos junto a un precipicio, abajo pasaban los vehículos y yo hacía mis cosas como si nada”.
El tema se agota por ahora porque alguna vez tendremos que hablar de las fiestas que se arman en ese patio lleno de magia. Pero ésa es otra historia.
Como corolario expresa su deseo de viajar por el país para enseñar el oficio a los chicos y favorecer su inserción en la sociedad mediante un quehacer que los aleje de las tentaciones.

La marcha de los bombos
Todos los años para el mes de julio y durante la Semana de Santiago que se organiza para festejar un nuevo cumpleaños de la ciudad es parte muy importante esta convocatoria que empezó cuando la Madre de Ciudades cumplía 450 años.

-Nosotros en enero de 2003 estábamos en casa con Eduardo Mizoguchi, la Tere, mi compañera y Freddy García. Mientras comíamos un guiso nos pusimos a hablar sobre un proyecto para presentar ante las autoridades municipales. Se nos ocurrió organizar una marcha de bombos. Tenían que ser 450, uno por cada año. “¿Y los podremos juntar?”, nos preguntamos. Y sí, en ese inicio juntamos 670 bombos. Salió a la calle el pueblo sin distinción de clases sociales ni edades. Hemos visto a criaturitas con el bombo de un lado y del otro la mamadera. Le dimos categoría al bombo que desde siempre fue menos considerado que otros instrumentos. Hoy el movimiento ya no nos pertenece, es de la gente”, rememoró el famoso artesano.

FORTUNATO JUAREZ

Fortunato Juárez

Es la clásica imagen del cantor popular. Su vida misma está retratada en los títulos de sus canciones más difundidas. Por ejemplo, en el gato “El violín de Tatacu” dibuja un perfil de su abuelo Carmen y las duras circunstancias que debieron pasar los loretanos al inundarse y desaparecer la vieja Villa Loreto.

Fortunato Juárez plasmó como pocos los sentimientos del paisano simple y común de estas tierras. Él mismo se forjó artísticamente en el seno de una familia humilde que compartía los tiempos entre las labores necesarias para ganarse el sustento con la afición a la música.
Formó parte durante muchos años del famoso conjunto de los Hermanos Juárez que con bandoneón, guitarra, bombo, violín y canto que puede mencionarse como lo más puro y auténtico de esta región en virtud del encanto de un repertorio plagado de apelaciones al amor que el lugareño siente por su terruño.
En su poesía se transparenta su modo de ser sencillo, silvestre y un poco ingenuo. En sus temas habló del monte, de su familia, de su querido Loreto, de la gente que lo erigió como su más genuino representante.
Muchas de sus canciones (“De ahicito”, “Así era mi mama”, “Para mi pago”, “El linyerita”, “El huajchito”, “Tristezas de un corazón”, “Chacarera del chilalo”, “Inti sumaj”, “Loretano soy”, “Sonia Nancy”, etc.) fueron grabados por artistas de relieve nacional como Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Chango Nieto, Hermanos Toledo, Raly Barrionuevo, Los Sin Nombre, por nombrar sólo algunos en apretada síntesis.
Con la desaparición física de don Fortunato Juárez (“Fortu” para los amigos) acaecida el 7 de setiembre de 2000 se perdió a un ser humano excepcional, un maestro de alma, pero su figura ha crecido en la consideración popular por el incalculable valor del legado que dejó para el sentimiento popular.

CUCHI LEGUIZAMON

Las anécdotas y los amigos





Recuerda el Cuchi: "Varias veces se nos perdía el vino. Algo raro: se perdía. Entonces nosotros salíamos a buscarlo por las noches".























En una de esas noches el Cuchi y Manuel J. Castilla, andaban por la localidad de Cachi, buscando, precisamente, un vino. Pero no había por ningún lado. En eso por una ventana, ven que una señora tenía apiladas un montón de botellas. La mujer se negaba. Entonces Castilla le espetó, haciéndose el enojado: "¿Pero usted sabe a quién le está negando el vino? A Gustavo Leguizamón, el más importante compositor del folklore argentino". La mujer, arrepentida, cedió. Y así se fueron de la casa, cada uno con una botella en brazos. "Era una imagen muy tierna –recordaba el Cuchi- porque estábamos acunando al vino. Justo a él, que tantas veces nos durmió". Al rato se sentaron en un umbral y compusieron el tema Canción de cuna para el vino 







Dice el Cuchi de Manuel J. Castilla: "El Barbudo era un tipo maravilloso. Extraordinariamente exitoso y aún más sabio como compañero. Mire, nosotros teníamos un amigo, don Juan Riera, quien era propietario de una panadería en la calle Lerma. Manuel todas las mañanas le compraba el pan calentito, pero una vez al Barbudo lo dejaron sin trabajo en el diario El Intransigente, entonces no fue más. Pero al poco tiempo Rierita comenzó a llevarle personalmente el pan de la mañana. Manuel le dijo que no lo aceptaba porque no podía pagarlo y ¿sabe qué le contestó Rierita? ‘Antes cuando usted podía, venía y me compraba el pan, pero ahora que no puede es mi obligación llevárselo todos los días’. Mire qué filosofía."




Escribe Hugo Roberto Ovalle: "Porque solía corresponderlos sonriendo con los ojos o asintiendo con su cabeza, ni siquiera los saludos le entrecortaban ese silbido permanente con que el Cuchi Leguizamón se anunciaba y desaparecía por las calles de Salta buscando vaya a saber que inefable melodía. Tal observación le hubiera bastado al diminuto politólogo para darse cuenta que el Cuchi no era un soñador desprevenido que vivía pensando en la luna de su música y su poesía. Por el contrario, su rapidez mental, el dominio transgresor que le imprimía en cada conversación a los distintos y múltiples temas de la realidad, nos revelaban a un hombre tan sensible como veloz y creativo en sus respuestas y opiniones. 
















Sin embargo, el politólogo, fiel al error de su convencimiento, en la seguridad de un oportunismo lleno de público, no tuvo mejor idea que recibirlo con una chanza que, aunque desgastada por el uso, la creía genial para definir la personalidad del músico a través de su flamante saco de barracán a cuadros grandes con que el Cuchi se nos apareció en El Círculo. ‘¿Qué, llegó el circo?’, preguntó asegurando el diminuto politólogo cuando aún la puerta de vaivén no había cumplido con el recorrido a que el Cuchi la destinó con su empuje. Y antes que la curva exclamativa del politólogo se desvaneciera en el aire de esa lejana siesta de invierno, el Cuchi respondió: ‘A juzgar por los enanos, sí’. La carcajada todavía debe resonar en la memoria de los partícipes de esta anécdota". 























Opina Raúl Aráoz Anzoátegui: "A pesar de que en Salta y en todos lados del mundo se ponen en juego el ingenio, la chanza o la ironía, siempre hay en ese tipo de reuniones alguien que paga el ‘pato’. Hemos visto con frecuencia a muchas de esas personas ingeniosas encarnizarse con el que, con menos habilidad para ese tipo de juegos, recibe la peor parte. En esas circunstancias, yo y muchos de los que somos sus amigos, siempre observamos que el Cuchi ejercitaba la broma hasta el límite que le permitía su propia discreción, sin sobrepasarse en ese juego que tanto dominaba. Y si se quiere un juego peligroso, porque se arriesga el talento, lo cual le daba ciertas ventajas de su parte de las que nunca abusó."




Mientras recorría las calles de París silbando una zamba, vió a una joven muy bella acompañada de su madre y de un perro y al acercarse comprobó que hablaban español. Entonces el Cuchi las enfrentó y les dijo: "Les cambio el perro". Sorprendida, una de ellas le pregunta: "¿Por qué?" Y el Cuchi les respondió: "Por mí". 






































El Cuchi le confesaba al periodista Gregorio Caro Figueroa: "Hacer música no me alcanza para vivir pero me hace vivir. Mirá lo que son las cosas. Antes cuando era abogado vivía de la discordia y ahora de la alegría. A la vejez no me queda más que hacer música hasta que me toque pulsear con la nada. Le voy a ganar a la nada porque ella estará allí en lo suyo y yo estaré silbando alguna cosa". 







De las habilidades gastronómicas repentinas del Cuchi, cuenta Hugo Riera: "Cocinaba una barbaridad. Un día, cuando yo vivía en la calle Santa Fe, me cayó con un surubí en rodajas y me mandó a comprar pomelos y naranjas. ¿Es para el postre? le pregunté. ‘Esperá y ya vas a ver’ me dijo, mientras se remangaba y se aprestaba a preparar el extraño plato. Ponía debajo de la fuente unas rodajas de naranja, luego surubí y así sucesivamente. Me acuerdo que salió un manjar"




El Dr. Román Salim uno de los que también se privilegió con la compañía del Cuchi, especialmente en las noches compartidas en el Club Comercio, nos comenta aquella vez cuando el integrante de un conocido conjunto folklórico, nos llamó para decirle: "Dr. Queremos que nos armonice una pieza", a lo que el Cuchi respondió: "Y se la voy a revocar también para que no desafinen más". 




Leopoldo "Teuco" Castilla, con motivo del aniversario del Cuchi celebrado en septiembre de 1994 en Salta, mandó desde Madrid esta sentida semblanza: "Yo al Cuchi, de él, no le puedo decir nada. (...) Qué se le puede decir a quien entre otras cosas te regaló sus guantes de box, y esto ocurría a mis siete años de edad, intuyendo que yo no pegaría ni una; que cuando tuve doce años me compró mi primera, fastuosa, obra pictórica, sabiendo que en este mundo poco pintaría yo y que a los trece años me enseñaba historia y me puso un apodo que el público presente no se dará el gusto de conocer jamás. Y que todavía lo veo en mi infancia llegar en el "carnavalito", un auto que andaba de milagro, tanto que más parecía un auto de fe. Y bajar elegante y prognático, detonante y satírico. Y lo veo, desde hace mis cuarenta y siete años, acezar como un albatros sobre el piano, para que su tierra se oiga, porque es él quien le desentierra en música, todos sus invisibles. O sea que al Cuchi no le digo nada. Les cuento a ustedes que se han reunido en la calle Rioja a festejarlo que no es verdad que cumple años. 
















Ese hombre nace todos los días. Les refiero una vez que viajábamos con el poeta Angel Leiva, en un tren anochecido, a Praga. A las cinco de la mañana, por la ventanilla ví un cartel con un nombre: Bratislava. ‘Nos bajemos’, grité, ‘es el Bratislava de los cuentos’. Y aunque nos quedábamos a mitad de nuestro destino, descendimos en esa estación neblinosa. Comenzamos a caminar por una calle, mientras amanecía. De pronto, desde adentro de una casa, salió una música. Era una zamba del Cuchi. (...) Y todo esto para decirles que ese señor que ven ahí con barba cana y ojos meteóricos es, para el resto del mundo, un genio. Alguien que por rigor, entrega y riesgo, puso una carga de profundidad en su existencia y sabe vivir, como pocos, como un artista entero. Salteño, libre y dueño de su señorío. Como se debe ser. Mírenle la frente. Está llena de nuestros más entrañables universos. Mírenle el corazón. Gracias a él, cuando cantamos los salteños, sentimos como sentimos. Y quien sabe cuantas generaciones seguiremos sintiendo así. 




































CHITO ZEBALLOS

Chito Zeballos estaba predestinado a cantar y decir asuntos primordiales del canto popular. En ese derrotero llegó a espacios importantísimos de la escena nacional. Alguna vez comentaba ese importante docente y escritor chileciteno, el Prof. Julián Amatte, que siendo aún un niño de la escuela primaria, Chito ya sobresalía con la lectura de glosas en los actos escolares y en algunas Peñas Literarias en las antiguas instalaciones del "Club Socia] de Chilecito. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional "Joaquín V. González" de La Rioja, cumpliendo una destacada carrera estudiantil. Y al recibirse de bachiller se trasladó a La Plata iniciando sus estudios de Derecho. Allí en la ciudad platense se relaciona con otros riojanos folcloristas —entre los que se encontraba Ramón Navarro— en la que pasó a llamarse "la Pensión de las guitarras", iniciando así su "aprendizaje" guitarrero... Unos años después, se radica en Córdoba y frecuentando peñas como "El Foro", "El Alero" y "El 55", va creciendo su gran aptitud llegando concretar la integración de un trío que desde un comienzo causó gran sensación el virtuosismo originalísimo de sus guitarras y la calidez del canto de Chito: “Tres para el folclore”, con Luis Amaya y Lalo Homer con sus imponderables guitarras y Chito con guitarrón. Debutaron en el primer Festival de Cosquín del año 1961, y de inmediato iniciaron prolongadas giras por todo el país produciendo varias placas discográficas que en la actualidad son "joyas de colección”. Por varios años tuvieron intensa actividad, hasta que Chito decidió iniciar su carrera de solista, en 1965. Su primera grabación fue "Triunfador de cacharpayas" pues ese año durante el Festival de Cosquín recorrió todas las peñas coscoínas cosechando ovaciones consagratorias que bautizaron su nueva etapa triunfal. Sin embargo, la gran amistad que mantuvo con el trío le permitió seguir contando con el acompañamiento de Luisito Amaya con el que realizó también una brillante gira por Europa integrando una embajada argentina con Mercedes Sosa, "Los Trovadores" y el Ballet de Argentina Vélez. Esa gira tuvo gran repercusión y acrecentó el prestigio de nuestro comprovinciano. Durante ese fecundo período Chito visitó varias veces su provincia participando de los grandes festivales que ya se celebraban en este territorio que fue su cuna raigal. Participó así del Festival del Cancionero Riojano, de Chilecito (1967); del primer Festival Nacional de la Chaya (1969) y de varias peñas que congregaban mucho público ávido sobre todo de los poemas que decía este chileciteño que supo seleccionar muy criteriosamente su repertorio con páginas de celebrados poetas como Jaime Dávalos, Ariel Ferraro, Hemlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez, Miguel Angel Pérez, Ariel Petrocceli, José Oyola y otros. El advenimiento de le dictadura militar -en 1976- proscribió a nuestro comprovinciano de los medios de comunicación y de los escenarios por su mensaje de compromiso social que siempre ofreció en su repertorio. —Todos recordamos sus "clásicos" poemas: "Hay un niño en la calle”, "Zamba de los mineros", “Milonga del guitarrero", "Cuando tenga la tierra", "Pedro Changa" y otros—. Esta circunstancia adversa a su actividad artística fue aprovechada para retomar sus estudios de abogacía, graduándose en la Universidad de Córdoba. Una vez obtenido sus título de abogado, se radicó con su familia en Neuquén. Una vez recuperada la Democracia, Chito retornó a los escenarios, y en su primera visita a nuestra provincia —al lado de Lalo Homer— comentaba irónicamente: “Agradezco a la dictadura que me permitió recibirme de Abogado...” En 1965 fue llamado a integrar el elenco de riojanos que estrenó y grabó la celebrada Cantata Riojana, junto a Ramón Navarro, Pancho Cabral, Rioja Trío, Ramón Navarro (h), Colacho Brizuela y Luis Chazarreta. Su participación fue muy importante interpretando la "Chaya Final" de ese álbum . Y diremos en esta evocación que cada visita de esta gran voz de La Rioja era una fiesta por la singular personalidad carismática que tenía, rodeado de amigos en interminables guitarreadas con su canto, su decir y ese don de la palabra que mereció un muy acertado comentario del conocido periodista Marcelo Simón, publicado en la revista "Folklore". Decía que "Chito habla, habla, habla... y cuando habla canta; el canto es un ‘estado de gracia’ y Chito mientras habla canta..." Al sorprenderlo la muerte allá en la lejana Neuquén e1 26 de octubre de 1996, tenía un montón de proyectos por realizar con ese mismo empuje conque asumió su permanente actividad. Nos enteramos que tenía en manos grabar un nuevo álbum discográfico con una excelente selección de flamantes temas que hubiera enriquecido aún más nuestro cancionero.

Fuente Diario El Independiente – de La Rioja



CHITO ZEBALLOS
"PARA LA FLOR Y EL FUSIL"
RCA-3399- 1973

CARLOS DI FULVIO

Carlos di Fulvio

Oriundo de Carrilobo, Provincia de Córdoba, nació en el año 1939. Hombre de la pampa gringa por nacimiento, a los 4 años se radicó junto a la familia en la ciudad de Córdoba y no descansó hasta que pudo concretar uno de sus más anhelados sueños: conocer la montaña. Su primer encuentro con el nuevo paisaje tuvo lugar a los 13 años y desde ese instante se sintió identificado con esa otra Argentina que se extiende de Córdoba al norte.

Su primera presentación en público fue en enero de 1953 en el auditorio de LV2, entonces Radio Central, de Córdoba.
En 1958 su nombre ya era conocido en todo el ámbito del país: LS82 TV Canal 7, LR4 Radio Splendid, RCA Víctor entre otros, fueron los medios coincidentes en difundir su cuantiosa obra como autor, compositor e intérprete. Nadie como él, en el territorio de la música popular de raíz folklórica, desde aquella, su primera zamba Guitarrero firmada con el seudónimo "José Piedra Ríos", ha intentado ciclos tan amplios de obras integrales: "Concierto Supersticioso" (1964); "El Nacimiento de la Vidalita" (1965); "Canto Monumento" (1967); "La Conquista del Desierto" (1970); "El camino del Quijote" (1972); "Cantata Brocheriana" (1980), fueron algunos de los hitos fundamentales en su propósito simbiótico de conjugar la música popular de un modo mesurado y culto.

Hoy, mientras su obra poética -a nivel secundario y terciario- se ha transformado en material de análisis, su música forma parte del programa de estudio en algunos conservatorios para la formación de nuevos guitarristas argentinos.
Ha dado al cancionero folklórico argentino algunas de sus obras más clásicas, como la ya mencionada Guitarrero, Campo Afuera, ¿Se acuerda Doña Maclovia? y Un paso aquí, un tranco allá.

ATAHUALPA YUPANQUI

Material recopilado por Héctor "Piolín" Villafañe para su programa de Radio "Tiempo de Yupanqui".

Muchas Gracias Atahualpa"
Un Intento por rescatar y divulgar la obra de Atahualpa Yupanqui.
Del que pasó más de medio siglo de su vida convirtiendo en poesía universal sus vivencias personales. Del cantor que conmueve porque dice lo que todos quisiéramos decir: "Amo la luz, y el río, y el silencio, y la estrella..." Del Patriarca del Canto Nacional, del que no fue argentino solo por nacimiento; del que fue ante el mundo embajador esencial de nuestro arte vernáculo.
Difundir la Obra Yupanquiana es contribuir al conocimiento y el sostén de la cultura nacional; es enterarnos que Yupanqui, con el signo esencial de su guitarra, su palabra simple y su voz limitada, pero expresiva, y hasta con su presencia de paisano aindiado, logró traducir el canto de la tierra.
Este trabajo que ya se a ofrecido gratuitamente en varios establecimientos educacionales, según el detalle que se acompaña, es un estudio de obra yupanquiana acercándonos al manantial de su canto, estudiando y comprendiendo los valiosos afluentes que confluyen al mismo: "La tierra, el camino, el silencio, la soledad, el destino de dar, el amor, el gaucho, la libertad del hombre".
Este aporte consta de una exposición de material que pertenece al que suscribe logrando después de más de
40 años de pasión por lo nacional y folklórico y en especial por lo yupanquiano.
Allí podremos apreciar; cassettes, discos, discos compactos, toda la obra literaria de Yupanqui. afiches en colores de sus actuaciones por el mundo, videos, material gráfico de toda la vida de Atahualpa y cosas inéditas que he logrado atesorar desde hace muchos años y que estimo bueno compartir. Además de la exposición ofrezco simultáneamente una charla analizando la obra de Yupanqui y al final se proyecta el video "Muchas Gracias Atahualpa" con un cierre de intercambio de opiniones y preguntas de los presentes. Se distribuye además,. gratuitamente, 1 cuadernillo con "Cosas de Yupanqui", que es una pequeña colección de dichos, citas, reportajes, escritos y poemas poco conocidos. Se deja de regalo el citado video.
Este emprendimiento está destinado a estudiantes secundarios y se puede trabajar con materias como historia, literatura, música etc., Puediendo agruparse varios cursos para lograr una mayor participación. En varias localidades se ha trabajado con las Direcciones o Secretarías de Cultura, las que han servido de nexos y puntales de organización de estas presentaciones.
Este trabajo ya ha sido recomendado por publicación "Con Todos y Entre Todos" Información Educativa de la Subsecretaría de Gestión y Planificación Educativa , y fué declarado de Interés Educativo Cultural mediante Decreto N 353/2002 de la Municipalidad de Río Tercero, y de Interés Educativo por el ministerio de Educación de la Pcia de Córdoba mediante resolución 953/2003


Relatos 1
Cuando en ocasiones le preguntaban a Yupanqui si no lo invadía una honda nostalgia cuando andaba en otros continentes, ya que vivía buena parte del año lejos de su tierra, solía contestar que no extrañaba la tierra de una manera enfermiza, que tira para abajo, que angustia; y decía que se liberaba gracias a la guitarra.
“Si tengo nostalgias de Tucumán, que la he tenido y muy fuerte, me encierro en mi cuarto en parís, toco y canto ocho zambas tucumanas, entonces Tucumán se me agranda y lo veo clarito como el agua… ¿siento nostalgia de la Pampa? Tres milongas, dos estilos y salgo”, solía decir.
Y ante la nostalgia de los amigos escribía cartas, contaba detalles.
Y vocación le impuso el camino y con ello las despedidas y las lejanías nostalgiosas, más teniendo en cuenta su sensibilidad siempre a flor de piel. Atahualpa decía: “para los que han nacido con el infinito anhelo de andar, los caminos no comienzan en la tierra: empiezan en el corazón”. “El hombre deja atrás el hogar, el calor de los seres y las cosas queridas, y parte con una visión que atrae irresistiblemente, para su dicha o para su dolor; no soy de los que abandonan la tierra para escapar de algo. Enamorado de los tres misterios argentinos, como los llamaba Ricardo Rojas: La pampa, la selva y la montaña, siempre que puedo regreso a ellos”.
Entre estos misterios han vivido seres nuestros. Unos cobrizos, otros anchos, otros altos, desde los Onas, hasta los Querandíes, Quichuas o Calchaquíes. Ellos han dicho cosas, han amado. En lo posible, hemos de ampararnos de sus historias.
La voz de la tierra querida por un lado; por otro, el camino. Pero a la vez, el camino fue antes búsqueda del alma del paisaje telúrico y ahora el camino es para sembrar el canto de la tierra, para darle vos a esa tierra.
Decía Yupanqui: “vuelvo a mi tierra con mucho cariño… tengo la necesidad del aire de mi tierra, que me llama, que me llama… no tiene lazos, pero ata…”





















Relatos 2
Hablando del aprecio y cariño por su tierra, a pesar de su condición
 de caminador incansable, Yupanqui decía: “vuelvo a mi tierra con
 mucho cariño… tengo la necesidad del aire de mi tierra;
yo soy de mi tierra, y siempre tengo que volver aquí cuando
necesito regar mi árbol.”
Con relación a la angustia y la melancolía que le producía
el hecho de separarse de su tierra y no poder volver, un día
 escribió:
“Soñé que el río me hablaba con voz de nieve cumbreña, y
 dulce, me recordaba las cosas de mi querencia: tú que puedes
 vuélvete… me dijo el río llorando. Los cerros que tanto quieres,
 me dijo, allá te están esperando. Es cosa triste ser río, quién
pudiera ser laguna… oír el silbo del junco cuando lo besa la luna…
 que cosas más parecidas son tu destino y el mío: vivir cantando
 y penando por esos largos caminos.”

 Relatos 3

Atahualpa, tierra-que anda, camino, camino. Pero su caminar es
 para algo, tiene un cometido: quiere iluminar. “Yo voy andando
y cantando que es mi modo de alumbrar”, como la luna tucumana,
 o como repetimos diariamente al comienzo de estas lecturas:
 “¡lucecitas que prendí p’alumbrar los corazones!”, o en su “destino
del canto” asegura de quien ha sido elegido como él para el canto:
 “Nada apagará la lumbre de tu antorcha, porque no es tuya.
 Es de la tierra, que te ha señalado” su canto que fue siempre
 una lámpara milagrosa, una lumbre, utilizó también otra imagen
, la de la flecha arrojada al aire.
Él afirmaba su fidelidad a la forma simple del canto nativo y decía
que estaba dispuesto a “la chacarera doble hasta el final de mis
días porque estoy defendiendo la última astilla de una flechita”.
La imagen de su canto es como una flecha arrojada al aire.
 Su caminar fue como un arco tenso no para disparar la flecha
de la muerte, sino la luz de la vida. El decía: “pase lo que pase,
que llenen mi boca de arena, que rompan mi guitarra, la flecha
 de la luz ya vuela por los aires, brillando al sol”. Atahualpa confió
en que la flecha de su canto en sus incontables años de trovador
seguirá volando, y que él la seguirá viendo con los ojos de sus
 hermanos, pese a cuanto se conspire en contra.

Relatos 4

1971, el reencuentro.
Hacia unos años que don Ata vivía en París, en si departamento
 del barrio del Observatorio, primero; después el de Alesia.
 Cansado de tantos obstáculos en su camino de trovador –
 pasó meses y meses sin que le ofreciesen un lugar adecuado
de actuación- buscó otros horizontes y lo sería con un éxito
mundial tremendo.
Venía esporádicamente y con algunas actuaciones casi furtivas,
 recluyendo enseguida en Cerro Colorado, y enseguida
nuevamente regresa a Europa.
En un reportaje que le hicieran el 15 de julio de 1971 le
preguntaron por qué vivía en París.
“Porque es el centro”, respondió. “El centro de un montón
de actividades que me conciernen.
Está a minutos de Ginebra, de Madrid, de Bélgica, de Londres…
 pero París no es sólo un centro geográfico. Es el centro cultural
de todo… pero a mí París no me va a cambiar el “haiga”.
Nunca canto en otra lengua que la nuestra”.
En ese año, 1971, Yupanqui fue invitado a brindar cuatro
conciertos en el teatro Alvear de la ciudad de Buenos Aires.
 Esto constituyó un hecho extraordinario, ya que a sala repleta
 durante los cuatro días, todos los asistentes, jóvenes,
de mediana edad o mayores, quedaban absortos y sumidos
 en una especie de meditación y silencio por lo que estaban
 percibiendo sus ojos y oyendo sus corazones.
Cuenta la crónica que en aquella oportunidad apareció Yupanqui
en el escenario, hubo un cerrado aplauso y un sobrio
agradecimiento. Se creó en el instante silencio total,
una actitud recogida y expectante de la sala. Sin ningún
lugar para la frivolidad, ninguna demagogia, un silencio
infinitivamente receptivo.


Relatos 5

Al reencuentro de 1971 sucedió el siguiente año otro grato suceso.
La noche inaugural del XXI Festival Nacional de Folklore de 1972,
Cosquín le tributaba el homenaje de reconocimiento de su
 inestimable aporte, denominando “Atahualpa Yupanqui”
al escenario mayor de la plaza Próspero Molina. Aquella noche
el corazón del Valle de Punilla se pobló de una impotente bandada
de palomas de los pañuelos en alto, cuando el cura de Cosquín,
 padre Monguillot, inició el acto destacando e interpretando
el sentir de todos sobre lo justo y merecido de este homenaje.
El poeta salteño César Perdiguero leyó un romance escrito para
 la ocasión.
La crónica de entonces decía: “don Ata transitó la geografía
 nacional bebiendo en el paisaje y en las inquietudes y penurias
de sus habitantes, toda la riqueza poética que fundamenta su
cancionero. Atahualpa le cantó al sufrimiento y a la alegría del
hombre, al amor y a la vida, al caballo y al árbol, a la tierra y al cielo, al paisaje y al pájaro, y en cada una de sus obras dejó impreso
 indeleblemente una vivencia, una enseñanza, un pedazo de
 realidad”. Oscar Valle decía que Atahualpa es una figura de
 excepción en cualquier país del mundo.
Un periodista escribió: “anteanoche sobre el ondulante vaivén
 de miles de pañuelos que se levantaron para homenajearlo,
sobre el río de luz que inundó la plaza Próspero Molina para
que pudiera ver a su pueblo elevado en admiración sobre la
ovación inmensa, Atahualpa nos dejó la última enseñanza en
sus breves palabras de agradecimiento:
“Es un honor para mí” – dijo- “que se llame con mi nombre
este escenario consagrado por tantas voces… también podría
llamarse Buenaventura Luna, o Acosta Villafañe, o Hilario Cuadros,
 como podría llevar el nombre escondido de algún paisano
 del pueblo… pero de cualquier modo, me siento verdaderamente
honrado por el acto: agradezco a la Comisión Municipal de Folklore, y en especial al pueblo de Cosquín, el homenaje que se rinde a mí
a tantos creadores… ojalá, en nombre de ellos, el mío se conserve
 por muchos años. Pero que se borre si alguna vez, desde este
escenario se llegara a cantar a los dictadores”.

Relatos 6

Continuando con lo sucedido en 1971 cuando Yupanqui se
 reencontraba con el público argentino a través de sus
actuaciones en la Capital Federal, la revista Folklore reproducía
 por entonces dos valiosos juicios. Decía Irma Constanzo,
eminente concertista y maestra de guitarra: “es un intérprete
excepcional. El valor emocional de su guitarra, creo que no
 puede ser dado por ningún otro instrumentista con tanta
 profundidad”. Y también opinaba Narciso Yepes, uno de los
primeros entre los grandes de hoy; quien estuvo presente en
 la sala: “no quise perdérmelo. Oiga usted, para mí Yupanqui es,
más allá de su
sonido humano, un guitarrista de gran técnica. Pocos se animarían
 a cometer en su género con sus obras: sortea con facilidad las
 dificultades y tiene algo que muy pocos pueden ostentar: un estilo absolutamente definido. Un estilo que si fuera posible imitar,
ya habría creado escuela en todo el mundo”.
Ese mismo año del reencuentro se estrena el teatro Regina
 “Tupac Amaru”, que lleva subtítulo “La tierra cantada”,
 cantata con música de Enzo Gieco y Raúl Maldonado.
 Es una evocación poética, estremecida, de aquel cruento
 sacrificio.
Evoca el cruel sacrificio de José Gabriel Condorcanki,
 Tupac Amaru quien sujeto todo por lazos, en sus cuatro
 extremidades a cuatro caballos, cuyos jinetes tiraron para
 despedazarlo, hacia los cuatro puntos cardinales.
Dice una parte de esta cantata:
“Fue aquí, sobre esta sierra de granito donde el cóndor se ha
 dormido. Aprisionado, pero nunca abatido. ¡Tupac Amaru!
 ¡Tupac Amaru! cuatro caballos en cruz una mañana de vientos.
 Cuatro jinetes de sombra. Cuatro fantasmas sedientos.
 Se fue durmiendo callado. Silencio despedazado por cuatro
 potros en cruz ¡Tupac Amaru, Tupac Amaru!

Relatos 7

Continuando con la crónica de lo acontecido en los recitales
ofrecidos en el año 1971 en el teatro Alvear de Buenos Aires
 conviene destacar que comenzó el espectáculo con “Zamba
de Vargas”, casi como un antiguo preludio de religión patria.
 Luego, más de una hora de interpretaciones llenas de emoción
 y de profundo sentimiento. Atahualpa supo comunicarse a un
nivel hondo.
Al terminar cada pieza restallaban los aplausos, pero él, abrazando
 de nuevo la guitarra, la acomodaba a su zurda, para proseguir,
 y el silencio se imponía al unísono. Así durante toda la velada.
 Así los cuatro conciertos. No fue brillante. Prefirió la profundidad
 meditativa. Las notas necesarias, nada de sobra.
Si el público se sintió tocado, también el trovador. Dicen que más
de una lágrima escondida acompañó la emoción de haber logrado
 la más auténtica comunicación con su pueblo. Fue un real
 reencuentro, sin efectismo de superficie, sin triunfalismos
 vanidosos.
Seguramente han sonreído los abuelos, satisfechos de no
haber muerto para siempre.
Aunque hubo de volver pronto a París por sus compromisos
 artísticos, este juglar sin fronteras, prometió volver y quedarse.
Porque debió sentir la voz del infinito viento que corre por las
llanuras, selvas y montañas de nuestra tierra; porque acaso
 deseó comulgar con su misterio sumergiéndose en su silencio
para reiterar el gesto de entregarlo hecho música y palabra.

Relatos 8

Volviendo a 1972, año en que era impuesto con su nombre el
escenario del Festival Nacional de Folklore, esa tierra que andaba,
 que fue Yupanqui, vuelve a vibrar los teatros y a asumir en
meditación casi mística a los públicos de Francia, Suiza, México,
 Venezuela. Es casi imposible dejar en lo escrito tantos caminos
que recorrió y tantos aplausos recogidos.
En 1974 Yupanqui ofreció en París ocho recitales en días
corridos. Haciendo esa referencia, escribió Germán Arciénagas:
“Ocho días ha cantado y tocado Yupanqui en este teatro de la
ciudad de París. Los ocho días, millares y millares de
 latinoamericanos y franceses y europeos han llenado hasta
 el tope la gradería. Se ha visto forzados los empresarios a
 permitir que se sienten en las escaleras muchos más.
Desde la primera noche, se vendieron las entradas para
todos los ocho conciertos.”
Atahualpa canta y habla en el castellano de su tierra, pero
 ¿Quién puede no entenderlo? Millares de quienes lo oyen no
 saben nada de este mundo de donde él viene-no saben lo que
es el silencio. Y a lo mejor no saben lo que es una guitarra.
Su poesía musical expresa algo del hondo del alma, algo del
abismo del corazón humano que retumba como un eco silencioso
 en el corazón de cada hombre. Canción poetisa yupanquiana
anuda relaciones entre los hombres y los pueblos. Será por eso
 que el entonces presidente de Venezuela le confirió la orden de
Francisco Miranda por su labor de acercamiento entre los hombres
 a través de la canción y la poesía. Desde siempre Atahualpa
conjugó el hombre y el paisaje, tierra del hombre; hombre tierra
 que anda. El hombre tallado por la tierra-paisaje y el paisaje
labrado por el hombre. Su canto abraza la tierra y el cóndor,
 la tierra y el cielo, el hombre y lo sagrado. Por ellos su arte
trasciende constantemente, resulta grato al japonés, al europeo,
al americano, grato a los grandes públicos como a las élites cultas.

Relatos 9

Cerro Colorado:
Don Ata dijo una vez: “si yo vivo siempre en un hotel confortable
 y no voy nunca a Cerro Colorado, aunque hable mucho de la vida
 al aire libre, significaría que en algo estoy mintiendo”.
En esa pequeña comarca de hombres sencillos, entre esos cerros
 que albergan enigmáticas pinturas rupestres, levantó hace años
su casa don Ata. Yupanqui gustaba refugiarse en Cerro Colorado,
 como lugar síntesis de su querencia.
Esta región del norte cordobés, de piedras antiquísimas y extrañas,
con las bellamente arcaicas litografías en sus cerros, que allá por
1903 descubriera el escritor Leopoldo Lugones durante una
 excursión por esas sierras en donde encontró sosiego y paz,
que son un compás de espera en el camino, para escuchar
enseguida el viento del horizonte que siempre está más allá…
allí acaso su inspiración toma el vuelo de esos cóndores de alas
abiertas, largo cuello y pico poderoso, representados en las
litografías rupestres en las dos grandes cuevas del cerro.
El decreto por el cual se declara el valor histórico del yacimiento
de los 482 motivos pictográficos dice: “que el yacimiento
arqueológico del Cerro Colorado, cuyas numerosas grutas
 encierran enorme cantidad de pictografías rupestres, puede
considerarse en su género el más importante de América”.
Fue declarado monumento histórico en 1961. Y recientemente
 fue propuesto para que la “Unesco” lo declare patrimonio de la
 humanidad. Ojalá que ello ocurra y contribuya a salvar del destrozo estas reliquias.
Dicen que en Cerro Colorado se mide el tiempo por la aparición
de las cabras o la luz del sol que al amanecer tiñe la ladera de los
 cerros. El camino de pronto se abre ofreciendo dos porciones:
 hacia un lado la casa del Indio Pachi, que supo cantar muy lindo
y componer canciones; hacia el otro lado la casa de don Ata, a la
vera de un río, que por lo exiguo más bien parece un arroyo.
Allí Atahualpa, de vuelta de tantos y tantos lugares lejanos,
regresa a los orígenes, para meditar silenciosamente en los
eternos misterios de la tierra y de sus hombres.
Relatos 10
Yupanqui descubrió Cerro Colorado desde Tucumán cuando
desde allí con un amigo recorría pueblos ofreciendo cine y
conciertos al aire libre. “Una vez llegue acá, decía, y me hice
de amigos. Aquí cerca nomas había un señor que estaba
incapacitado por una parálisis para acercarse al poblado,
 que estaba a dos kilómetros, entonces yo me llegué hasta
 lo del criollo, que se llamaba don Eustacio, de a pie, a las diez
 de la mañana, con la guitarra al hombro. Cuando lo vi dije:
buen día. Ya que usted no puede venir, le vengo a cantar yo.
Entonces tomaba tres o cuatro mates y le cantaba. Al irme
prometía volver cuando pudiera. Así vine dos o tres días.
 Pasaron tres meses y volví otra vez, ya sin cine, para ver a
 los amigos. Yo tenía un caballo que me había prestado y
 entonces lo visité a este señor – un paisano bien paisano
 – hombre que se manejaba con doscientas ideas y veinte
 palabras diarias, que me dijo:
-Yo quiero agradecerle su generosidad de venirme a cantar,
ya que estoy impedido. Elija un rinconcito para levantar su
rancho y venir cuando pueda a descansar.
Y esto es lo que usted está viendo: un rancho con un lugarcito
 para un hombre, para su familia. Un remanso lejos del hombre
 para encontrar al hombre.
Esa que fuera su casa, Yupanqui en vida la donó para que fuera
 lo que es hoy:
“El Centro Cultural Aguas Escondidas” en donde podemos
ver el reconocimiento del mundo a la obra de Yupanqui en su
paso por esta vida. También están muchas de sus pertenencias
personales y descansan junto a un viejo roble sus cenizas
mortales.


Relatos 11

Haciendo referencia a su casa del Cerro Colorado Atahualpa
contaba que una vez lo visitó el ex presidente Illia.
“Yo lo conocí de casualidad hace unos años en Cerro Colorado,
Córdoba. Caía la tarde y me agarró el doctor Illia sin tener qué
ofrecerle.”
“Estaba en el rancho mientras caía la tarde – continúa- y sentí
 un auto a unos quinientos metros. Para llegar a mi rancho de
piedra hay que estacionar el automóvil a unos quinientos metros
 y luego caminar un trecho, se debe cruzar un arroyo poco
 profundo y hay que arremangarse los pantalones para hacerlo.
 Sentí el auto, decía, y me asomé y vi encajado el coche en el
 arroyo cuyo fondo es arenoso”.
“¿Quién será? Me pregunté. Y en eso veo un señor flaco con
los zapatos amarillos en la mano, y arremangado, canilludo.
Se acerca y me di cuenta que era el doctor Illia.
Lo primero que me dice es:
- Hay que ser amigo suyo para venir a visitarlo.- y entonces le
hice un chiste:
- “Me gusta ver un presidente en patas”…
Por 1987 don Atahualpa va ultimando los detalles para una
fundación, que se concreta en 1989, como fundación Atahualpa
 Yupanqui. Dijo en esa oportunidad, al diario Clarín:
“Por supuesto, será en Cerro Colorado. Aun no tiene nombre
definido. Será un sitio para los enamorados de la ecología,
la naturaleza, la botánica, los idiomas antiguos.
En definitiva un hecho cultural en una zona alejada de todo,
 y un canto de amor muy personal a la tradición. Tengo muchas
 expectativas de todo esto. Tal vez, cuando yo no esté en este
mundo, este modesto centro de ideas continuará de algún modo
con mis ideas, con mis afectos”. Tenía una casa muy grande,
 decía: la regalé con mis libros, los puñales de mi abuelo,
ponchos, aperos, regalos que me fue dando la gente en todos
 estos años de recorrer el mundo. Entre las cosas que aprendí,
sé que cada vez necesitaba menos para vivir”.


Relatos 12

Cada canción, una historia:
Hasta aquí hemos recorrido la historia de este trovador.
 Desde ahora trataremos de presentar las historias que dieron
 nacimiento a algunas de sus canciones.
Porque tras el nacimiento de cada canción hay una historia.
 Su imaginación poética crea a partir de hechos, pequeñas
historias, sucedidos aparentemente insignificantes, a los cuales
 ha cargado de un halo de belleza. Siempre en la cuna de casa
 poema hay otras tantas experiencias de vida. En cada mínima
 cosa sabe descubrir un significado que proyecta a otro universo
de sentido.
Atahualpa supo contar el nacimiento de algunas de sus canciones.
 Por ejemplo el de “La danza de la paloma enamorada”:
Contaba que una tarde, en los campos tucumanos, una paloma
dejo oír su queja, un poco canto, un poco plegaria.
Era la hora quieta, cuando sobre los cañaverales la luz comienza
 a pintar cielos rojizos, lilas; y los diluye y vuelve a imprimir los
 tonos más severos, como si quisiera adornar la senda ideal de
los sueños, y el camino de los primeros cantos de la noche.
Una guitarra copió algo del canto de la palomita; algo de ese
 paisaje tucumano.
Así nació “La danza de la paloma enamorada”.

Relatos 13

Cada canción, una historia:
Atahualpa en alguna oportunidad supo contar como nació
 “el arriero”, uno de los temas de su autoría que más trascendencia
 tuvo y según algunos críticos con esa canción nació la canción
de protesta en Argentina.
En un reportaje que se le hiciera en 1980, se le preguntó:
 ¿Cómo compone don Ata? Hago coplas, respondía,
con la idea de ponerle música alguna vez… a cualquier hora
uno puede anotar algunas coplitas. Una vez que hay una frase
 ya está la puntita.
“Alguna vez escuché un refrán”: “¿Cómo te va Anto? (por Antonio)
le dice un paisano a otro que va arriando tres vaquitas por el monte. Esto sucede en Anta, provincia de Salta, en la estancia de los Matorras.
 Mientras los dueños de casa se habían ido a cazar, yo me había
quedado haciendo el asado para cuando vengan los patrones,
mientras se hacía, nos íbamos comiendo los mejores pedazos,
 íbamos picando”…
“Entonces uno de los peones, que estaba allí conmigo, larga él”:
“¿Cómo te va Anto? Y, aquí me ves”, le dice el otro,
 “ajenas vaquitas arriando, ajenas culpas pagando”.
Salió medio verso. A mí no me faltaba una libretita y anoté.
 Me gustó el refrán.
El otro le dice: cuando encerrés las vacas volvé. Y le hizo
 el gesto de comer.
No volvió el hombre. Pero yo anoté el refrán. Parece que me
 hubiera pasado el destino por el lado y me largó la frase.
 Un año después hice “el arriero”, con ese refrán, dicho por un
paisano. Lo estiré, hablé del paisaje, le puse imágenes,
pero el nudo era ése, la primera versión decía: “ajenas culpas
pagando y ajenas vacas arriando” lindo asunto. Poco a poco la
 estructura de la canción, el camino que ella lleva me hizo
 cambiarlo por: “las penas son de nosotros, las vaquitas son
 ajenas”.
Lo hice más Yupanqui, menos “Anto”. Agradezco la sugerencia
 que me hizo el paisano sin saber. El no sabe el gran favor que
 me hizo, me tiró una poesía.

Relatos 14

Cada canción, una historia:
“Camino del Indio”
“Tendría yo unos ocho o nueve años- relataba Yupanqui-
 cuando mi padre me llevó a Tucumán. La familia se instaló en
Tafí viejo, donde en su primera mocedad mi padre había
aprendido a manipular el telégrafo Morse. Antes había sido
ferroviario y, antes todavía, peón nómade.
A la hora de la siesta simulábamos dormir, y apenas los mayores
bajaban la guardia saltábamos de la ventana de nuestra casa
taficeña y nos íbamos a robar naranjas en las quintas de los
vecinos, las robábamos amargas o dulces, verdes o pintonas.
Las aventuras nos llevaban hasta un kilómetro alrededor de la
 casa. Llegábamos a un paraje donde vivía el viejo Anselmo,
 al que llamábamos el indio. Aquel sendero que daba vuelta
 entre los naranjales y que era nuestro cómplice de travesura era,
 por cierto, el “camino del indio”.
Pasaron muchos años. Cierto día me escribieron de Tucumán:
¿Te acordás de don Anselmo? Lo encontraron muerto, ya muy
viejito. Qué te vas a acordar. Ustedes eran muy changos.
Pero yo tenía frescos los recuerdos de aquel tiempo.
Movido por la nostalgia idealicé las caminatas hacia lo de don
Anselmo y escribí mi primera canción. Tenía entonces 18 años.
 Fue el cielo azul profundo el que hizo nacer aquellos versos.
Con don Anselmo volvían esos fines de invierno, con un solcito
 tibio y los cerros azules, enormes, como si pudiéramos tocarlos
con las manos.”

Relatos 15

Cada canción, una historia:
“El Alazán”
Decía Atahualpa: “Tengo una chacrita en Cerro Colorado,
 en la frontera norte de Córdoba, junto a Santiago del Estero…
allí hay un hombre, don Roque, que se ocupa de cuidarme el
caballo.”
Una vuelta don Roque andaba recorriendo los potreros en su
 zaino. Se asombró al ver que en uno donde no tenía por qué
haber nada andaban los cuervos davuelteando y davuelteando.
 Eran muchos los cuervos, entreverados con aguilu-chos.
Se dijo entonces: ¿Será que murió en el campo algún animal
 suelto? Los cuer-vos iban cada vez más abajo, rozando los
arboles. Poquito a poco se fue arrimando don Roque mientras
de esta muerte se tranquilizaba: “Yo no tengo hacienda,
no tengo yeguas con crías, no tengo nada”.
“Sucedió que se me había desbarrancado allí un caballo que
 yo quería mucho. Al asustarse se vino el pobre barranca abajo
 hacia el río, y un árbol en punta lo reci-bió con su lanza.
Ahí quedó el alazán. Quise ofrecerle este canto:”
“Oscuro lazo de niebla te pialó junto al barranco. ¿Cómo fue qué
 no lo viste, qué estrella estabas buscando?
En el fondo del abismo ni una voz para nombrarlo: solito se fue
muriendo, ¡Mi caballo, mi caballo!

Relatos 16

Cada canción, una historia: “adiós Tucumán”
En su origen, esa tonada tiene una tristeza política. Unos amigos
 míos eran te-rratenientes de Raco, primos hermanos entre sí.
Y yo, un Juan de afuera. Conocían ellos mi devoción por el paisaje,
 por el paso, el caballo, la copla, los hombres, los guardamontes y
 las bagualas. Pero la política los alejo de mí y de la amistad
 profunda que nos juntaba. Yo soy amigo de la gente sin
preguntarle cómo piensa, ni para qué lado. Me basta con que sea
 criolla y suficiente.
Bueno, esta gente empezó a no mostrarme la cara. En las
cumbres de Raco yo tenía un ranchito tortiao, hecho con mis
manos. Me fue para mí. Me largué del ómnibus y había un caballo
 que me estaba esperando en la parada, junto al boliche del turco
 Antin.
Monté y me fui hasta una tranquera del “campo la Zanja” para
 poder subir – desde allí me quedaban cuarenta minutos de viaje
para arriba- y la encontré con llave.
Entonces me acerco a la finca de los señores y digo: “está con
llave”. No sé, me contestó uno de los peones, la habrá cerrado
 el niño tal o cual”. Ningún niño, ningu-no de los gauchos amigos
míos estaba allí.
Entonces me di cuenta que la intención era no facilitarme la llegada
 a mi po-bre rancho de las cumbres de Raco. Era un descuidar
 la amistad, fastidio, repudio a mi condición de criollos.
Ellos se sentían muy argentinos, muy partidarios de
 Facundo Quiroga y de Juan Manuel de Rosas.
En cambio yo estaba con el pueblo, con el más golpeado,
con el que tenía alpargatas. Y yo las tenía. Era lo único,
mi guitarra vieja, las alpargatas y muchos sueños. Al otro día
agarré mi caballo y a unos siete kilóme-tros monte arriba le di
un guascazo en las ancas y se perdió galopando en las cum-bres.
“Nunca más te voy a ensillar”, le dije. Me vine.
 Lo único que me tomé fue mi máquina de escribir y
 unas espuelas, de a pie vine bajando y salté la tranquera.
Hace de esto 28 años y nunca más volví a Raco.
De allí nació esta zamba: “adiós Tucumán”.

Relatos 17

Cada canción, una historia: “la viajerita”
Para pagarle a Tucumán la amistad que me brindó
durante 20 años, una amis-tad de arriba abajo,
desde los cocheritos hasta los dotores, yo no tenía plata.
¿Qué podía hacer? Y bien, me puse a hacerle zambas a cada
 departamento: a Burruyacu, a Chicigasta, a Monteros,
 a Graneros, a Rio Chico, a Tafi, a Trancas.
 Una de esas zam-bas es “la viajerita”. Íbamos los domingos al rio
 “Cochuna”, a pescar truchas, con don Baltazar Pereyra, un viejo
empleado de correos. Yo llevaba la guitarra y a la tardecita –
 ¡Nos comíamos tantas truchas saltadas a la orilla del rio!
 Venia la sección de músi-ca, cuando empezaba a ponerse
 dulce la luz. Y así nació la viajerita:
“Yo soy de arriba, soy de Cochuna… Ranchito, monte y río, soles
y lunas.
“Hasta Alpachiri voy los domingos, y por la noche, al cerro vuelvo
 solito. “¡Ay, viajerita! el alba asoma trayendo de los cerros frescor
y aroma”…

Relatos 18

Cada canción, una historia: “El Tolima”
Según Yupanqui, el muy bello poema con este nombre nació
de una historia acaecida precisamente en el Tolima, montaña
del sur de Colombia.
Hace muchos años, contaba, me regalaron en Popayan,
sur de Colombia, dos tomos escritos por Monseñor Muñoz,
 obispo de Bogotá, titulados “la violencia en Colombia”.
Leí el libro con mucha atención. En uno de los pasajes contaba
 la vida de un muchachito de 16 o 17 años que apresado y herido,
contó después al sacerdote muchas cosas. Yo he sufrido mucho,
señor –le decía-; pero uno de los dolores más grandes del alma
ha sido cuando me ordenaron tirar mi tiple al río (era tocador
de tiple, el instrumento típico de las montañas colombianas)
¡Pucha que me dolió! ¡Ca-ramba que me dolió el alma!
Yo soy guitarrista, decía Atahualpa. Toda la vida no fui nada más
 que eso: un sencillo campesino tocador de guitarra. Por eso,
 aquel sucedido me tocó de cerca: aquella lectura me tocó
profundamente. Y compuse esta travesura. Eso pasaba en
 el Tolima, una de las montañas del sur de Colombia:
“Solo una vez he llorado callado llanto de indio, fue en la sierra
 del Tolima al tirar mi tiple al río”.

Relatos 19

Pablo del Cerro:
En la discografía yupanquiana muchas obras exhiben como autor
 de la música el nombre de Pablo del Cerro. Este nombre,
con el de Yupanqui, forma ya un bino-mio inseparable. Pero,
 ¿Quién era Pablo del Cerro? Es el seudónimo artístico adop-tado
 por la señora Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick de Chavero,
 esposa de don Ata (fallecida a los 82 años en Buenos Aires
 el 14 de noviembre de 1990). Nacida en la isla de Terranova –
 colonia francesa- se trasladaron con sus padres a Francia,
donde cursó estudios y recibió la doble medalla de oro
 en el conservatorio musical de Can-nes, de piano y composición.
Antonieta Paula tenía su única hermana casada,
 residente en Buenos Aires; y como su padre decidió visitar
 nuestras playas (su madre había fallecido mucho antes)
 ella tomó una decisión drástica: en 1972 regaló su casa en la
 Normandía, vendió sus propiedades en Francia, y embarcó
 para la Argentina. Estableció su casa en Villa Ba-llester,
con su padre.
Siendo una sólida pianista, en nuestro país continuó sus estudios
 en el Conser-vatorio Nacional, en el que obtuvo su diploma,
con renombrados maestros: López Buchardo, Antonio de Raco,
Rafael González, Pascual de Rogati, y en armonía con
 Gilardo Gilardi.
Como pianista mostraba su preferencia por Bach y Beethoven.
Ya en su prime-ra época ofreció numerosos conciertos y recitales
en salas y radios. Grabo discos; intervino en la obra “Los cuatro
rumbos” de Fernando Ochoa, para cuya obra com-puso preludios.
En 1935 va a Tucumán con la orquesta filarmónica, donde se
 conoció con Atahualpa Yupanqui y escuchó alguna de sus
 zambas y tal vez percibiera la hondura de don Ata.
La amistad allí entablada se prolongó concluyendo años después
con el casa-miento.

Relatos 20

Pablo del Cerro:
Como ya sabemos este era el nombre artístico de quien fuera
la esposa de Yu-panqui, doña Antonieta Paula Pepin,
gran concertista de piano, relacionada en nues-tro país con
 grandes investigadores, como Carlos Vega – cuya obra estudió
 – e Isabel Aretz, compañera de estudios.
Llegó a penetrar y asimilar en forma total todas las estructuras de
nuestra música nativa, distinguiendo incluso tenues matices que
 diferencian las chacareras de cada región norteña. Su exigencia
de fidelidad a la forma y al espíritu de nuestra música la convertía
en una crítica impiadosa de ciertos autores y ejecutantes.
Alguna vez expresó su preferencia por la milonga pampeana,
observando también el carácter exclusivamente argentino
 del estilo de las llanuras.
El seudónimo lo adoptó al comenzar a publicar junto con
 Atahualpa, Pablo por Paula, prefiriendo el masculino; y del Cerro,
porque vivía en el Cerro Colorado. Su primera creación fue
“canción de cuna” (evocación del niño… esperanza de vida,
inocencia, y ternura de madre).
Luego seguirían “Indiecito dormido”, “el Alazán”, etc.…
Si era sugestivo el título de su primera obra, lo fue también el de su
 última creación: “Melodía de adiós”. Quizás una premonición:
su gran despedida al final de su fecunda obra creadora al lado de
 nuestro trovador, durante los últimos 40 años de su vida.

LUNES A VIERNES DE 18 A 19:30 HS POR 94.7 FM RIO - IDEA PRODUCCIÓN Y CONDUCCIÒN: SILVIA DÌAZ

AROMA A BUENOS MOMENTOS

La pava que silba, y la yerba comienza a hacer sentir su delicioso aroma. Pastelito, criollitos, algo rico para comer. Una charla, un mate, un compartir. Lleno de sensaciones, de amistad, de recuerdos y pasatiempos. El orgullo de ser fieles seguidores a nuestras costumbres. Costumbres Argentinas. Que se llevan dentro, una guitarra, una vidala, un chamamè. Momentos inolvidables, música, y compañía. Te invito a compartir todo eso y mucho màs de Lunes a Viernes de 18 a 19:30 Hs. En la 94.7 FM RIO, haciendo lo que hemos nacido para hacer… VIVA MI TIERRA!! Un programa radial lleno de intensas emociones y de aquellos momentos que solo vos y yo, podríamos saber de que hablamos.

Silvia Dìaz. Productora y Locutora.

Gracias a la Vida

"...Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio dos luceros que cuando los abro

Perfecto distingo lo negro del blanco

Y en el alto cielo su fondo estrellado

Y en las multitudes el hombre que yo amo

Gracias a la vida que me ha dado tanto..."